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Cubierto por toneladas de piedra y arena todavía sigue
oculto bajo el suelo de Gizeh uno de sus grandes secretos.
Es la Segunda Esfinge que acompañó a la que todos conocemos
hace más de 5.000 años y que acabó desapareciendo en
circunstancias extrañas. Al menos esto es lo que piensa
Bassam El Shammaa, un investigador alejandrino que lleva más
de una década siguiendo la pista al león perdido de Gizeh.
El
lugar escogido para el encuentro fue el restaurante suizo Le
Chantillí, en el número 11 de la calle Bagdad del Nuevo
Cairo, en Heliópolis. Al vernos entrar, tras una mesa del
fondo del salón se levantó un verdadero gigante de 1,90. Era
Bassam el Shammaa. No le gusta que le llamen egiptólogo sino
ponente sobre temas egiptológicos. Trabaja como guía en la
prestigiosa agencia americana Seven Wonders Travel con sede
en Chicago, a través de la cual ha organizado importantes
congresos en Estados Unidos y Europa. Nacido en Alejandría,
Bassam viene revolucionando desde 1989 el mundo de la
egiptología académica con una teoría totalmente novedosa que
ha madurado con el paso de los años. Según este
investigador, a pocos metros al sur de donde se encuentra la
Esfinge que todos conocemos, justo detrás del Templo del
Valle de Kefrén, existió una Segunda Esfinge de la cual no
se conserva prácticamente nada.
Para
llegar a tan desestabilizadora conclusión, a lo largo de sus
años de trabajo ha conseguido innumerables pruebas en textos
antiguos, datos arqueológicos e incluso una insólita
fotografía desde un satélite tomada por la NASA que parece
corroborar su hipótesis.
La Esfinge nacida del caos
A los pocos minutos de comenzar la charla me di cuenta de
que nos podíamos haber evitado todo aquel protocolo. Bassam
es una persona jovial y muy cercana. Lo que en un principio
parecía que iba a ser una reunión de trabajo se convirtió en
una amigable charla a la que se unieron Ahmed El Serkaui,
hispanista, Mosheera Mousa, periodista especializada en
egiptología del prestigioso periódico cairota Al-Ahram y,
por supuesto, mi acólito el también investigador Antonio
Barrientos. Bassam el Shammaa lleva más de una década dando
vueltas a la teoría de la Segunda Esfinge. Como él mismo
reconoce "la historia de Egipto está escrita por la mano
del hombre pero está repleta de lagunas." Y no le falta
razón. Según demuestra en uno de sus libros "Heródoto que
visitó Egipto hace más de 2.000 años, exactamente el mismo
lapso de tiempo existente entre su visita al Valle del Nilo
y la construcción de las pirámides, cometió al menos quince
grandes errores." No es extraño, pues, que la historia
de esta civilización esté repleta de grandes lagunas
difícilmente superables más de 5.000 años después de su
aparición. A pesar de todo, Bassam intenta llegar a la
verdad a través de los documentos y de las pruebas
arqueológicas.
Sobre
el mantel de cuadros verdes del restaurante, el gigante
alejandrino despliega varias carpetas de fotocopias con
planos de la meseta de Gizeh, antiguas estelas con la imagen
de la Esfinge y fotografías de papiros con escenas que
reconstruyen el aspecto del mundo según las ideas de los
antiguos egipcios.
Uno de los pilares de la teoría de Bassam el Shammaa es la
dualidad dentro de las creencias egipcias. "En Egipto el
número 2 siempre ha sido el número de la armonía, de la
perfección -nos explica Bassam. Frente a la corona
blanca estaba la roja, frente al buitre se encontraba la
cobra, frente al loto, el lirio. Además, el 2 era el número
secreto de los arquitectos. Existe un papiro que relata el
origen del cosmos según la tradición heliopolitana. En esta
tradición el dios Atum se autocreó de la nada y engendró a
dos hijos, el león Shu y la leona Tefnut. Los sacerdotes de
Heliópolis nos han contado que cada uno de ellos descansaba
en un lado del Universo: uno de ellos será el disco solar
del amanecer, Shu, y el otro el de la puesta, Tefnut."
Cada vez parece más claro que estas creencias tuvieron su
verdadero origen en una época prefaraónica de la que apenas
se ha conservado nada y cuyos restos, por error, los
egiptólogos ortodoxos datan miles de años después. Esta
cultura prefaraónica sería la creadora de la imagen leonina
de la Esfinge y que siglos después los faraones
transformaron añadiéndole un rostro humano. Según Bassam
"la idea del león Aker es de origen arcaico, egipcio pero no
faraónico. Se trata de dos leones que transforman
posteriormente su cabeza leonina en la del rey otorgando a
éste un aspecto secreto de la divinidad. De acuerdo con la
representación de Aker, los leones Shu y Tefnut protegen dos
colinas, estando en el centro el disco solar. La pregunta
que nos tenemos que hacer es ¿qué lugar en Egipto tiene
estas características? La respuesta no es otra que la meseta
de Gizeh.
"Es muy sencillo -nos
asegura Bassam. Los
antiguos egipcios lo conocían muy bien. Solamente existía un
momento a lo largo del año en el que el Sol se ponía
exactamente entre las dos pirámides de Kefrén y Keops: los
solsticios. En este preciso instante el disco dibujaba en el
espacio una representación gigante de la figura de las
colinas y el horizonte de Aker."
La destrucción de la mujer
Si
observamos con detenimiento las representaciones que han
llegado hasta nosotros de la Esfinge de Gizeh también
podemos extraer conclusiones sorprendentes que Bassam El
Shammaa convierte en preguntas desestabilizadoras.
"Solamente se venera al
león masculino, Horemakhet, Horus en el Horizonte, y no al
femenino. Esto es lo que descubrimos al analizar la Estela
del Sueño de Tutmosis IV en la que curiosamente aparecen dos
Esfinges, o la controvertida Estela del Inventario,
conservada en el Museo de El Cairo. En esta última el texto
da a entender que ya en el reinado de Keops la Esfinge
existía en la meseta de Gizeh. ¿Por qué este olvido del león
femenino, Tefnut?"
Para Bassam la respuesta la
encontramos en la mitología egipcia.
"Conservamos varios textos
religiosos que cuentan la destrucción de la Humanidad por
parte de una leona. Tefnut además estaba vinculada a la
humedad y los antiguos egipcios observaron de qué forma la
humedad destruía los monumentos de Gizeh. ¿Cómo explicar que
una divinidad engendrada por el propio Atum para proteger
las pirámides, a la hora de la verdad las destruyera?
Seguramente, al contrario de lo realizado con la Esfinge que
todos conocemos, los antiguos no repararon nunca la segunda
Esfinge. Abandonaron la escultura y consideraron el área
como un lugar maldito. No deja de ser sintomático que allí
no se construyera ninguna tumba ni pozo y que la calzada del
Templo del Valle de Kefrén parta de la esquina noroeste en
vez de salir del centro de la pared oeste, al igual que
sucede con el resto de edificios similares en el antiguo
Egipto. ¿Acaso quisieron los antiguos arquitectos egipcios
evitar que la calzada procesional pasara por un lugar que
consideraban nocivo y maligno? Literalmente dejaron morir a
la segunda Esfinge."
Para Bassam El Shammaa la prueba documental definitiva se
encuentra en los Textos de las Pirámides. Allí podemos leer
en palabras del dios creador Atum "estuve con dos, ahora
estoy con uno". Algo terrible debió de suceder.
Descubierta por el radar
La
teoría de la Segunda Esfinge no solamente cuenta con pruebas
documentales basadas en el análisis de los textos y de las
representaciones iconográficas de los antiguos egipcios.
Bassam también ha aportado pruebas materiales obtenidas
mediante los más modernos análisis fotográficos de la NASA.
Gracias al estudio fotográfico SIR-C/X-SAR de la Agencia
Aeroespacial norteamericana, se ha podido analizar la
densidad de las capas geológicas que componen el suelo y los
monumentos de la meseta de Gizeh. Pues bien, con esta
fotografía pudo descubrirse que justo en la zona en donde
Bassam ubica su segunda Esfinge, existió realmente una
estructura que la NASA colorea de amarillo en su imagen.
"Esta señal -nos explica Bassam-
se recibe normalmente en forma de pulsos de una longitud de
onda determinada que van normalmente desde 1 centímetro
hasta 1 metro, y que se corresponden a un rango de
frecuencia de unos 300 MHz hasta los 30 GHz. Los ecos
producidos se convierten en información digital que luego se
proyecta sobre una imagen. Ésta se compone de numerosos
puntos o elementos pictográficos, cada uno de los cuales
representa un lugar concreto escaneado sobre el suelo por el
radar. En el caso de mi hipótesis de trabajo se corresponden
con los restos de la ‘Segunda Esfinge’".
Al acabar su explicación Bassam sonrió y me preguntó mi
opinión. Después de pensármelo contesté: "realmente eres
peligroso. Me estás empezando a convencer." Me dio un
apretón de manos y se rió.
En la actualidad Bassam El Shammaa prepara su próximo libro
A la búsqueda de la verdad: la Segunda Esfinge. Como ha
sucedido con otros investigadores, el Dr. Zahi Hawass
director de la meseta de Gizeh, no quiere saber nada de esta
teoría. Sin saber el porqué ni mostrar una razón lógica,
Hawass siempre ha demostrado un desprecio visceral hacia el
trabajo de Bassam.
Después de haber demostrado sobre el papel esta sugerente
posibilidad gracias a un exhaustivo trabajo de investigación
que le ha llevado más de una década, lo único que le resta
es conseguir el permiso para poder realizar la excavación
que demuestre si realmente, junto a la Gran Esfinge de Gizeh
hubo hace más de 5.000 años otro león de piedra no menos
conmovedor.
La Estela del Inventario
En
la sala 42 del Museo de El Cairo apenas a un par de metros
de la famosa estatua de diorita de Kefrén se encuentra la
Estela del Inventario. Se trata de una pieza de caliza
blanca de unos 65 centímetros de altura y 40 de ancho.
Posiblemente pertenezca a la dinastía XXVI aunque hace
alusión a las reparaciones que se hicieron en un edificio
sagrado de la meseta de Gizeh por orden de Keops en la IV
dinastía.
Esta estela fue descubierta por Auguste Mariette durante las
excavaciones que llevó a cabo entre septiembre de 1853 hasta
1858 en el pequeño templo de Isis, al este de la Gran
Pirámide y construido por Psamético.
El texto reza como sigue:
Él <Keops> lo construyó para su madre Isis, Madre Divina;
Hathor, Señora de (Nun). La investigación fue colocada en la
estela. Él dio una vez más para ella una ofrenda, y
construyó su templo de piedra otra vez. Él descubrió (las
estatuas de) estas diosas en su lugar.
El distrito de la Esfinge de Harmakis se encuentra al sur de
la casa de Isis, Señora de la Pirámide; al norte de Osiris,
Señor de Rostau. Las escrituras <de la diosa> de Harmakis,
fueron traídas para estudiarlas. (¿?) Permite que crezca,
haz que viva eternamente, <mirando> hacia el este. Qué viva
Horus: Medjer, Rey del Alto y del Bajo Egipto: Keops, que
posee la vida. Él encontró la casa de Isis, Señora de la
Pirámide, detrás de la Casa de la Esfinge de [Harmakis] en
el noroeste de la casa de Osiris, Señor de Rostau. Él
construyó su pirámide detrás del templo de esta diosa, y
construyó una pirámide para la hija del rey Henutsen detrás
del templo.
Si seguimos el texto de esta estela, los sacerdotes del
templo de Isis nos dan a entender que cuando Keops reinó en
Egipto ya estaba construida la Esfinge y también una
pirámide. Con ello se contradicen de forma categórica todos
los planteamientos de la historia tradicional.
EL AUTOR
se licenció en Historia Antigua en la Universidad de
Valladolid (España). Es egiptólogo y ha publicado hasta la
fecha 11 libros, 8 de los cuales están dedicados a la
cultura egipcia. También ha publicado casi 300 artículos en
diferentes revistas especializadas en arqueología y enigmas
históricos. Actualmente es director de la prestigiosa
Revista de Arqueología.
© Nacho Ares 2004 – Derechos reservados
Publicado con permiso del autor
Prohibida su reproducción sin autorización previa del autor.
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