Publicación exclusiva sobre la hipótesis de las paleovisitas extraterrestres
CONTCTO
 

EL EXTRAÑO CASO DEL DIOS QUE VIO DON CRISTÓBAL 

   
Un raro objeto metálico y luminoso

es mencionado en un muy antiguo

manuscrito del Perú, considerado

hoy como el libro sagrado quechua.

 

 

RAÚL ARIAS SÁNCHEZ

RAÚL ARIAS SÁNCHEZ

Perú

    raul.ariass@centrojuvenilhyo.org  

 

 

Dioses y hombres de Huarochirí es uno de los manuscritos quechua más importantes de la extirpación de idolatrías realizadas en los siglos XVI y XVII de los indígenas peruanos. Este documento es atribuido al padre cuzqueño Francisco de Ávila Cabrera (1573-1647), quien hacia 1597 ganó el curato de San Damián, en la provincia de Huarochirí, la cual en aquel entonces pertenecía a la Arquidiócesis de Lima, y desde ese momento se convertiría por muchos años en un defensor de la fe cristiana y perseguiría a todos los demonios. 

Por otro lado, el título de este escrito es obra del escritor y antropólogo peruano José María Arguedas, quien en 1966, con la colaboración del Museo Nacional de Historia y el Instituto de Estudios Peruanos, completaría definitivamente las traducciones que se realizaron de él en años anteriores, en alemán y latín, por Trimbord (1939) y Galante (1942) respectivamente. Pasaron años y el interés por la obra trascendió fronteras y fue publicada una vez más en 1975 por Siglo Veintiuno Editores. 

Hemos preferido utilizar la edición del 1975 por su lenguaje más claro y sencillo, ya que, en ésta (…) “se ha prescindido del aparato erudito de la anterior publicación. Se ha conservado, junto a la versión española del manuscrito, los prólogos de José María Arguedas (…) y el apéndice del investigador francés Pierre Duviols (…) quien aporta inestimables datos sobre los orígenes del manuscrito quechua que ya ha pasado a ser el de Dioses y hombres de Huarochirí, una especie de Popol Vuh de la antigüedad peruana”. (Arguedas, 1975 [1966]: 8)    

Hemos encontrado pues, dos capítulos de la traducción que realizó Arguedas que hacen referencia a un encuentro cercano con un dios de las estrellas; el primer capítulo que trataremos es el número 20, que lleva por enunciado “En esta parte comienza la (narración) de la vida de Llocllayhuancu y cómo él, después…” Ahora transcribiremos el suceso: 

“Hay un hombre llamado Don Cristóbal Choquecaxa; su padre fue Don Gerónimo Cachahuaman a quien ya nos referimos y que ya es finado. Este hombre, día a día tuvo una vida correcta. Su padre rechazaba el culto a los huacas, pero fue engañado con las mentiras del diablo y, al final de su vida, cayó en el pecado. Antes de morir confesó cómo muchos perversos y antiguos diablos lo habían confundido (…) Pero su hijo, sí, el ya nombrado Don Cristóbal, está vivo, y él vio, con sus propios ojos al diablo Llocllayhuancu, porque también lo tentaron los antiguos demonios, desde el tiempo en que murió su padre. El suceso que vamos a contar fue revelado, bajo juramento, diciendo: “por esta cruz”. Dice, Don Cristóbal, que una noche fue a la casa del Llocllahuancu, porque ahí estaba una joven suya (sipasin). Él había dejado de creer ya en el huaca y ni se acordaba de que existía. Cuando estaba ya en la casa, entró a un pequeño cuarto derruido para orinar. Y en el sitio en donde ahora se ha puesto una cruz vio aparecer una fuente de plata como si se hubiera convertido en el sol del día; esa luz cegó los ojos del hombre, como cuando repentinamente se hace de noche. Este demonio (el huaca) hizo aparecer al (resplandor) ante el hombre. Don Cristóbal cayó al suelo; luego, rezando el Padre Nuestro y el Ave María, se arrastró llegar al aposento de la mujer. Y tres veces apareció la luz cegadora, durante las tres veces que el hombre salió afuera. Como había relampagueado tres veces, antes de que él llegara al aposento de la mujer, y otras, mientras estuvo escondido, la luz se mostró nueve veces en la noche. Aterrado, el hombre llegó a la habitación en que la mujer dormía, e hizo que se levantara. Dos niños dormían con la mujer, y como los niños lloraron mucho: “Es nuestro padre, así es él”, dijo (la mujer) para asustarlos. Los niños eran hijos de la mujer que era sacerdotisa del demonio. Y así, durante la noche, del mismo modo un hombre al entrar en la oscuridad convierte la noche en más oscura, de ese modo alguien entraba y salía (al aposento); tronaban los pasos en las orejas de Don Cristóbal; la casa parecía que se iba a derrumbarse; de ese modo (el demonio) quiso rendirlo. Él rezaba todas las oraciones que sabía (…) estaba ya en la mitad de la oración, y el perverso demonio sacudió la casa, la removió y, convertido en lechuza, se fue.” (Arguedas, 1975 [1966]: 91-93] 

Al leer fuera de contexto estas líneas, cualquier persona afirmaría que esta historia es alguna fábula o cuento para hacer dormir a los niños, sin embargo, pertenece a un manuscrito del siglo XVI realizado por un sacerdote serio y traducido por uno de los más respetables intelectuales peruanos. Las dudas sobre la alteración de la traducción quedan de lado.  

Empecemos por partes, el primer lugar, nos llama la atención el hecho de que en la traducción nos hablen de una fuente de plata. Este término de fuente es entendido como un manantial de agua de forma ovoide, casi circular dentro de una estructura, en este caso dentro de un adoratorio prehispánico denominado huaca. Ahora bien, el detalle de que sea de plata nos propone que lo que vio Don Cristóbal era de una naturaleza metálica y concretamente física. Sin embargo, nuestro protagonista, no nos precisa la posición de la luz, empero por la descripción y la caída que sufrió, aludimos que estuvo encima de él.  

Pero hay más, el fenómeno de luces cegadoras en la noche, es interesante, ya que en aquella época no existían instrumentos (como faroles, por ejemplo) que dieran tanta intensidad de energía como para confundir a las personas en la hora del día, esto tuvo que ser producido por las luces de una gran nave

En segundo lugar, nos asombra la forma en la que la mujer que aparece en la historia no muestre temor a los hechos que ocurrían en su casa (¿les serían familiares?). De igual manera, la mujer anuncia a sus hijos que “es nuestro padre”, tal vez esta afirmación es muestra de que tendría algún vínculo de parentesco con el ser que atemorizó a Don Cristóbal.  

Finalmente vemos cómo esa fuente de plata se va volando convertida en lechuza. Vemos en la narración que después de ser un objeto del tamaño del Sol, como para hacer de día un lugar, se transforma en uno muy pequeño. La explicación sería que después de estar en tierra o suspendido (no precisamos ello), se haya ido hacia el cielo y al alejarse más y más su tamaño iba disminuyendo convirtiéndose en lechuza mientras ascendía. 

Bueno, a lo largo del tiempo, estos relatos fueron la imagen y la muestra del poder de los dioses, y en los Andes no fue la excepción

El siguiente capítulo que leeremos es el número 21 titulado: “Aquí, aunque no haya modo de narrar un sueño, hemos de hablar de cómo ese perverso demonio espantó a don Cristóbal, y también cómo fue vencido”: “(…) y (Don Cristóbal) se puso a buscar afanosamente las monedas. Apenas las encontró, se dispuso a salir; iba a hacerlo, pero vio, como en la noche anterior, el disco de plata de luz cegadora que le hería los ojos desde el sitio donde está puesta ahora la cruz (…)” (Arguedas, 1975 (1966): 96) 

En este pequeño párrafo nuestra idea se concreta aún más, ya que, lo que Arguedas traduce en el capítulo anterior como fuente ahora lo hace como disco de luz cegadora, una clara muestra de lo que vio Don Cristóbal fue un OVNI. Efectivamente, esta descripción fue lo que más se acercó al evento que presenció nuestro protagonista, ya que en su tiempo y contexto socio-cultural eran los únicos elementos que se le hacían familiares. 

El texto continúa: 

“Está bien”, diciendo, entró (a la casa del huaca) con el corazón iracundo. En ese momento, Astohuaman le hacía beber, le servía al huaca y le hablaba: “Padre Llocllahuancu, tú eres hijo de quien mueve la tierra; tu, también hiciste al hombre.” Y diciendo esto, lleno de temor, le servía. Y como ese demonio no podía hablar, lanzaba una especie de gruñido: “¡hoho!”. Después le sirvieron hojas de coca, e hizo como que las masticaba.  Largo rato duró todo esto; mientras tanto, dicen que Don Cristóbal, vio, dentro de la casa, una especie de dos cuerpos pintados que se movían como si pendieran de una romana pintada y caminaban en dos filas; así daban vueltas. En un extremo de la pequeña maroma pintada vio un pequeño demonio de color muy negro, sus ojos eran como de plata, en sus manos llevaba un palo con un garabato. En otro lado aparecía la cabeza de una llama; sobre la cabeza de la llama un pequeño demonio, sobre el pequeño demonio la cabeza de la llama. Y así, en el interior de toda la casa, rondaban en el aire estas cosas, en dos filas.  Don Cristóbal contempló muy asustado cuanto ocurría y había en la casa, pero tuvo dominio sobre su lengua. Apenas el demonio concluyó de comer, ese Astohuaman prendió fuego para quemar lo que no había servido al demonio.” (Arguedas, 1975 (1966): 96) 

Analicemos este párrafo; en esta ocasión aparece un personaje más en la traducción, Astohuaman, quien era una especie de sacerdote, ya que él estaba en la huaca (adoratorio) y le ofrecía manjares y devociones al extraterrestre Llocllahuancu. El relato sigue, y encontramos a Don Cristóbal en medio de un espectáculo fascinante y terrorífico a la vez.

Describe cuerpos (tal vez máquinas), y un pequeño ser de color muy negro con ojos de plata, una alusión evidente a lo que nosotros llamamos grises.  

Asimismo, leemos que en el interior de toda la casa, rondaban en el aire estas cosas, sea lo que haya visto Don Cristóbal fue especial y una muestra de tecnología obviamente no de su tiempo y mucho menos de su espacio.  Así también, el último párrafo confirma quién era Astohuaman, porque Astohuaman prendió fuego para quemar lo que no había servido al demonio, clara muestra de que no fue la primera vez que él tuvo contacto con el Dios y que era un buen sirviente de la huaca.   

Finalmente, podemos decir que lo que presenció el protagonista de estos dos capítulos de Dioses y hombre de Huarochirí no es la única historia de aparición de un OVNI en siglos pasados y específicamente en la región andina. Así tenemos que, a lo largo del tiempo y de las distintas regiones y pueblos del mundo, las evidencias orales y escritas nos muestran que este mismo fenómeno se ha venido repitiendo por centurias. Las pruebas están ahí, y apuntan que en la región andina, hace ya cientos de años, viajeros procedentes de las estrellas tuvieron contacto con muchos pueblos y estos últimos, al asombrarse por las cosas que realizaban, los confundieron con Dioses, y con certeza podemos decir que el demonio Llocllahuancu fue uno de ellos.  

 

EL AUTOR es Antropólogo y Máster en Ciencias de la Educación de la Escuela de Postgrado de la Universidad Nacional del Centro del Perú (2016), y también Investigador Asociado del Museo Antropológico de la Cultura Andina de la Universidad Nacional del Centro del Perú. Algunos de sus libros publicados son: Origen e interpretación iconográfica del símbolo de la Universidad Nacional del Centro del Perú (2015) y Los dioses navegantes de América (2015).

 

© Raúl Arias Sánchez, 2016 – Derechos reservados

Publicado con permiso del autor

 

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