Publicación exclusiva sobre la hipótesis de las paleovisitas extraterrestres
CONTCTO
 

EL DIOS DE PIEDRA DE XUNANTUNICH

   

El “Dios Sol”, representado en un relieve de estuco del gran templo maya de Xunantunich, en Belice, guarda atractivas semejanzas con un astronauta de nuestro tiempo.

JOHANNES FIEBAG PETER FIEBAG

Dr. JOHANNES FIEBAG

y PETER FIEBAG

Alemania

www.sagenhaftezeiten.com/fiebag/

 

 

En un momento dado, la población maya se extendió por una región que incluía partes de México, Guatemala y Honduras, con sus grandes centros ceremoniales como Palenque, Chichen Itza, Tikal y Copán. Hoy, esos cautivantes lugares son visitados anualmente por un torrente de turistas de todas partes del mundo. Menos conocido es el hecho de que  Belice, la anterior Honduras británica, también tiene algunas ciudades mayas muy interesantes a las que a menudo sólo puede llegarse por medio de algunas expediciones bastante arriesgadas.

 

A 135 km (84 millas) al sudoeste de la Ciudad de Belice, la vieja capital británico-hondureña de la costa caribeña, que hoy es más o menos un lugar comercial secreto para las drogas sudamericanas, se encuentra el único sitio parcialmente excavado de Xunantunich. No lejos de la frontera guatemalteca, una vieja y desvencijada barca de madera lleva a los viajeros a la ribera norte del río de Belice, cubierta con la vegetación de la selva. Desde allí, un polvoriento sendero de la selva lleno de amenazantes baches y abarrotado de espesa vegetación, serpentea a lo largo del antiguo emplazamiento. Este viaje no está exento de peligros: se sabe que tienen lugar allí frecuentes emboscadas de los guerrilleros guatemaltecos.

 

Allí, donde una empinada cadena montañosa se eleva sobre la selva majestuosa, una pirámide de 42 m (138 pies) de alto, llamada El Castillo, corona el paisaje. Alrededor de esta construcción, posiblemente la segunda más alta de Belice, estaban agrupadas las moradas de los gobernantes y miembros de las nobles familias mayas, una cancha de pelota, y varias estelas talladas del período clásico maya. La ciudad era un centro regional importante debido a su ubicación en la ruta directa desde Tikal a la costa caribeña y por las oportunidades agrícolas proporcionadas mediante la creación de terrazas a lo largo de las pendientes sobre el río (1).

 

Visible desde lejos, en la cima de la pirámide principal de la ciudad,  el antiguo dios del sol mira su reino allá abajo. Este gigantesco relieve de estuco está rodeado de símbolos cósmicos (motivos del Sol, la Luna y Venus) (2). La cara del friso astronómico es llamada la “Máscara del Dios Sol”.  Sin embargo, una comparación visual  lo inclina a uno a recordar el casco de un astronauta con un artefacto parecido a un micrófono a la altura de su boca.

 

            

                                           Foto izq. Johannes y Peter Fiebag - Foto der. NASA

 

El término “máscara” es realmente bastante engañoso a este respecto (3). Ha habido algunos científicos que han llegado a sugerir que los mayas nunca tuvieron dioses, sino sólo máscaras para los bailes, disfraces por así decirlo, que en aquel entonces también representaban en piedra. Por suerte, esta teoría apenas tiene algunos seguidores por estos días. Por otro lado, se ha demostrado convincentemente que, por ejemplo en El Seibal y Yaxchilan, gobernantes (como “Pájaro Jaguar”) vestían “trajes divinos”, o más bien se pintaban ellos mismos,  para demostrar su íntima conexión con una deidad (4).

 

El antiguo estudioso americano N. Hellmuth escribe: “Una persona lleva la máscara de un dios…La máscara se ve como un  “atajo” hacia la deidad…” (3) “Al parecer, cada vestimenta tiene su propia imagen teológica, un tipo de “modelo” original.  Un ser sobrenatural existe detrás de ciertos trajes.”  

 

¿Qué tipo de misteriosos “trajes de dios” y “máscaras” se presentaban al pueblo aquí? ¿Por qué se habían vuelto una tradición entre los Itza-maya, como está escrito en el Chilam Balam de Tizimin, hasta incluso ponerlos en un desfile especial que honraba explícitamente estas “Caras de los dioses?” ¿Por qué estas máscaras representaban un aspecto de la divinidad para el Itza?

 

Obviamente, estamos tratando aquí con “símbolos”. ¿Pero símbolos para qué? Sabemos del fenómeno del Culto – Cargo  (5) donde extensos estudios científicos han demostrado la tendencia de la gente de una cultura pre-tecnológica a imitar la tecnología moderna. “Los dioses” (en la mayoría de los casos de Culto - Cargo son europeos o americanos) son imitados de maneras bastante simples, como: su apariencia, el modo en que ellos se comportan, y muchos de sus actos. Haciéndolo, los sacerdotes y gobernantes creen que se convertirán en algo parecido a un dios  y así serán aceptados como tal por su pueblo.

 

Si suponemos que los artistas y sacerdotes mayas hubieron visto en efecto inteligencias extraterrestres en trajes espaciales, queda claro por qué la “vestimenta del dios” simbolizaba a los “dioses” mismos, o por qué aquellos que las llevaron creyeron que ellos mismos se volverían divinos. Además, sabríamos cuál fue el modelo “teológico” que inspiró estos trajes y máscaras. Entonces también se hace muy claro que no se trataba  de algún oscuro ser  “sobrenatural”, sino que se estaba representando a un extraterrestre, y por qué  se puso tanto énfasis en la máscara de la cara semejante a una escafandra.

 

También la dimensión cósmica que se da a entender con las reliquias de arcilla y piedra del período maya tienen ahora sentido de manera lógica. El “dios del sol”, como se lo representó en Xunantunich, concretamente como Dios del Universo (6), cobra ahora sentido realmente. Por ejemplo, conocemos las representaciones de “dioses voladores” de los relieves olmecas de La Venta en México, que datan de un período que se cree ahora es siglos anterior a Xunantunich. Manteniéndose ingrávidos en el aire, y  meticulosamente ataviados con cascos y trajes al cuerpo, ellos parecen deslizarse hacia abajo desde “más arriba”. Así, quizá pueda identificarse  un punto de partida razonable para una explicación comprensiva de la religión maya y sus orígenes incluyendo muchos otros ejemplos de obras de arte, ya que ellas se encuentran acompañando el período maya a través de varias épocas.

 

Del mismo modo, Nicolás Hellmuth (3) presenta una opinión que es digna de atención: “No se sabe lo que estas máscaras representan, dado que ellas nunca han sido estudiadas en detalle. Su significado no debe establecerse desde el principio sobre la base de algún modelo preconcebido, sino que debe ser cuidadosamente investigado y entendido.”

 

 

Referencias:

(1)     Wilhelmy, H.: Welt und Umwelt der Maya. Múnchen, 1989.

(2)     Prem, H. and Dyckerhoff, U.: Das Alte Mexiko. München, 1986.

(3)     Hellmuth, N.: Monster und Menschen in der Maya Kunst. Graz, 1987.

(4)     Schele, L. and Freidl, D.: A Forest of Kings. New York, 1990.

(5)     Steinbauer, F.: Die Cargo Kulte als religionsgeschichtliches und missionstheologisches Problem. Inaugural Dissertation, University of Erlangen, 1971.

(6)     Thompson, J.E.S.: Sky Bearers, Colors and Directions in Maya and Mexican Religion. Contributions, 10/436. Washington, 1934.

 

LOS AUTORES:

 

Johannes Fiebag, fallecido en 1999, estudió geología, paleontología, física y geofísica en la Universidad de Wurzburg (Alemania). Escribió numerosos artículos científicos y también varios libros sobre la hipótesis de las paleovisitas extraterrestres.

 

Peter Fiebag estudió filología, economía y ciencias de la comunicación en la Universidad de Guttingen (Alemania). Ha publicado gran número de artículos y varios libros en el campo de los antiguos astronautas.

 

© Johannes Fiebag/ Peter Fiebag – Derechos reservados.

Traducido y reproducido con permiso expreso de los autores.

 

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