Publicación exclusiva sobre la hipótesis de las paleovisitas extraterrestres
CONTCTO
 

LA CALAVERA DE CRISTAL: ¿RELIQUIA MAYA “HECHA EN EUROPA”?

   

Por la técnica de pulimentado

y su configuración artística, para

un experto del Museo de Historia

del Arte de Viena éste es un

artefacto de origen europeo.

PETER KRASSA

PETER KRASSA

Austria

www.peterkrassa.alien.de

     

    

     Quien se sorprenda por este título, todavía se sorprenderá más al saber que en determinados círculos de investigadores se considera como cierto que se trata de un regalo de cumpleaños. Pero sea como fuere, entre el sinnúmero de objetos enigmáticos que de tiempo en tiempo van descubriéndose en nuestro planeta, se encuentra la calavera de tamaño natural hallada en Lubaantun.

 

      Fue realizada en cristal de roca, si bien nadie sabe cuándo ni cómo. El hallazgo de esta calavera se debe a la británica Anna Mitchell-Hedges, la cual descubrió el insólito artefacto precisamente el día en que cumplía 17 años, en enero de 1924, bajo las ruinas de un templo maya de Honduras británica, la ex colonia británica de Centroamérica. En aquel entonces no podía saber que precisamente esta casualidad le depararía problemas más tarde.

 

      Anna acompañaba a su padre, el destacado arqueólogo Frederick A. Mitchell-Hedges, quien se había propuesto como misión descubrir las huellas de la desaparecida Atlántida. El hallazgo de este artefacto prehistórico no se hizo público hasta 1927, y su origen se atribuyó a los mayas. A pesar de que ella no era arqueóloga, Anna Mitchell-Hedges dio más tarde todos los pasos posibles para esclarecer el origen y la fabricación de la calavera, que fue analizada tanto por el restaurador y conservador norteamericano Frank Dorland como por la empresa norteamericana Hewlett-Packard Company, que realizó toda clase de test químicos y microscópicos. Pero nadie pudo demostrar que aquella obra de arte de cristal de roca (que por lo visto había sido realizada a partir de la cabeza de una mujer) hubiera sido elaborada con ayuda de máquinas.

 

      De lo que no cabe duda es que esa calavera maya fue elaborada en una sola pieza de cuarzo. La mandíbula inferior (que Anna Mitchell-Hedges no descubriría hasta tres meses más tarde bajo las mismas ruinas) es desmontable. La opinión de ciertos investigadores, según los cuales la forma de esta calavera artificial se había logrado gracias a la pulimentación por medio de las manos, resulta muy dudosa. Porque si fuera cierta, esta obra de arte de cristal de roca habría precisado de un período de elaboración de más de trescientos años de trabajos ininterrumpidos.

 

      Otro problema que se les plantea a los científicos, es el hecho de que esta calavera de Lubaantun ha sido elaborada trabajando contra el eje, sin que por este motivo se haya producido astillamiento del material. ¿Qué método y qué instrumental pudo haber sido empleado entonces para trabajar el cristal de cuarzo?

 

                                    CALAVERA DE CRISTAL DE LUBAANTUN

 

      Los análisis más recientes realizados sobre el artefacto se llevaron a cabo en marzo de 1982 en Viena. El Dr. Rudolf Distelberger, experto del Museo de Historia del Arte de dicha ciudad, tuvo ocasión de estudiar la calavera, llegando a unas conclusiones muy diferentes. Para Distelberger, dicho artefacto no es obra de los mayas, sino que habría sido producido hace sólo unas décadas, o acaso hace pocos siglos, en Europa. Como indicio para justificar su explicación, aduce la técnica de pulimentado y la configuración artística del artefacto.

 

      “Al analizar el cráneo de cristal de roca, he podido detectar nítidamente huellas de ruedas de pulimentación”, me confesó el Dr. Distelberger cuando, pocos días después, acudí a visitarle al museo. En su opinión, ello prueba que los autores no fueron los mayas, puesto que dicho pueblo no conocía la rueda en sentido estricto, y, en consecuencia, probablemente tampoco debió poseer ruedas de pulimentado.

 

      Según el Dr. Distelberger, el “cráneo maya” (y, paralelamente, la “cabeza azteca” de cristal de roca descubierta en 1889 en México y expuesta en el British Museum de Londres) es atribuible a artistas europeos.

 

      Sin embargo, me confesó que la destreza manual con la que ha sido elaborada la calavera de Lubaantun supera en mucho el nivel profesional de los más destacados artistas florentinos de la Edad Media. Distelberger también tuvo que admitir que, caso de que los dos artefactos arriba citados realmente fueran de origen europeo (cosa que yo puse en duda), en Europa no existe ningún tercer ejemplar de parecidas características (prescindiendo de una creación en miniatura conservada en el Louvre).

 

      El Dr. Distelberger se opone, por otra parte, a la descabellada anti-tesis de algunos científicos, los cuales afirman con total seriedad que la calavera descubierta bajo las ruinas mayas por Anna Mitchell-Hedges habría sido colocada ex profeso por su padre a modo de regalo de cumpleaños de su hija, que aquel día cumplía 17 años, con lo que el artefacto a lo sumo tendría ahora sesenta años de antigüedad.

 

      Esta acusación contra un arqueólogo de tanta fama no tiene ninguna prueba sobre la cual basarse, por lo que hay que ponerla seriamente en duda, al igual que la “teoría europea” del Dr. Distelberger. Porque, de hecho, ¿qué sabemos en concreto acerca de los mayas, de su grado cultural y su civilización?

 

EL AUTOR, fallecido en octubre de 2005, fue periodista y escritor. Pionero en el campo de la hipótesis del antiguo astronauta, publicó desde 1969 un total de 17 ensayos, tres biografías y tres novelas.  

 

© Peter Krassa – Derechos reservados.

Traducido y reproducido con permiso expreso.

 

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