Publicación exclusiva sobre la hipótesis de las paleovisitas extraterrestres
CONTCTO
 

EL VALLE DE LAS PIRÁMIDES

   

Aunque desconocidas por el

público en general, existen en la República Popular China gran

cantidad de colosales pirámides

PETER KRASSA

PETER KRASSA

Austria

www.peterkrassa.alien.de

    

  A principios de los años setenta, cuando también los chinos comenzaron a permitir el acceso del asombrado público a sus antiquísimos tesoros culturales, en el mundo occidental hizo furor ante todo la armadura mortuoria de la Princesa Tou Wan. La citada prenda está confeccionada de plaquitas de jade verdes del tamaño de cajetillas de cerillas, unidas entre sí por medio de fino alambre de oro. La pareja de este tesoro arqueológico (el príncipe Liu Sheng, esposo de Tou Wan) está cubierto por una vestimenta compuesta por 2.690 plaquitas. Tuve la ocasión de contemplar esta armadura de jade en mayo de 1972, durante mi visita a Pekín. Hay que señalar aquí que Liu Sheng no estaba incluido en la gigantesca exposición sobre China que años atrás iba recorriendo distintos países occidentales: no se le había concedido “permiso de salida”.

 

      La princesa Tou Wan y su esposo Liu Sheng fueron descubiertos en 1968 por un equipo de arqueólogos chino en el transcurso de unas exploraciones en una cámara mortuoria subterránea de 52 metros de largo, 37 metros de ancho y 7 metros de alto, en Mancheng (provincia de Hopei). Liu Sheng había mandado obstruir el acceso a su último reposo con gran cantidad de obstáculos de piedra y hierro, por lo que el equipo de arqueólogos tuvo que sudar lo suyo antes de poder sacar a la pareja real a la luz del día.

 

      En el curso de estos últimos años han sido descubiertas en China diversas instalaciones sepulcrales mecánicamente cerradas, en su mayoría subterráneas. Dan prueba de la gran inventiva de nuestros antepasados del Lejano Oriente, pero también de conocimientos técnicos que incluso hoy en día causan el asombro de los arqueólogos.

 

      Ahora bien, son muchos todavía los hallazgos arrancados en China al polvo de los milenios que siguen permaneciendo inaccesibles a la contemplación de los occidentales. Los científicos chinos guardan celosamente sus hallazgos, no permiten el acceso de los extranjeros a determinados yacimientos prehistóricos, en caso necesario desmienten incluso su existencia, y hacen todo lo posible para cosechar ellos mismos los frutos de su éxito. A pesar de ello, en estos últimos años han llegado hasta occidente informaciones procedentes de China que nos obligan a prestarles atención. El que tengamos conocimiento de todo ello lo debemos a viajeros que han regresado de China y, naturalmente, a la actividad de espionaje de las grandes potencias.

 

 

Las pirámides

 

      Así, por ejemplo, la NASA norteamericana posee fotografías obtenidas por sus satélites, en las que se puede apreciar la existencia de una pirámide de ¡más de trescientos metros de altura! en el antiguo Imperio del Centro. Esta gigantesca obra arquitectónica, que sobrepasa en más del doble a la mundialmente famosa pirámide de Keops, se encuentra en la provincia de Shensi, a unos sesenta kilómetros al sudoeste de Sian. Ningún extranjero, ni siquiera los chinos “comunes”, han podido ver hasta el momento esta pirámide gigante, pues toda la zona es considerada “tabú” al estar oficialmente declarada zona militar.

 

                    

 

Lo que ha podido saberse hasta el momento es que los historiadores atribuyen la pirámide a las artes arquitectónicas de la dinastía Hsia, de origen legendario, que reinó hace aproximadamente cuatro mil años. Por el momento, sin embargo, tenemos que contentarnos con los pocos rumores e indicios que han llegado a occidente.

 

      Así, ha podido saberse que la enorme pirámide de Shensi todavía conserva huellas de su antigua policromía. Cada una de sus caras daba a un punto cardinal y estaba pintada con un color distinto. La cara norte estaba pintada de negro, la cara este de azul grisáceo, la cara sur de rojo, y la cara oeste brillaba en blanco. Se afirma que el piramidón, es decir, la punta de la pirámide, estaba pintado completamente de oro, lo que según la concepción china también pone de manifiesto que los chinos de aquella época, y muy en especial sus gobernantes y sacerdotes, se consideraban el centro del mundo.

 

      Las fotografías obtenidas por medio de satélites, e igualmente en manos de la NASA, han permitido establecer, por otra parte, que en la antigua China no sólo hubo esta pirámide. La provincia de Shensi parece haber sido un verdadero hervidero de tales construcciones, pues por las fotos obtenidas por la NASA se ha podido detectar un valle entero sembrado de pirámides monumentales. El piloto comercial y escritor neozelandés Bruce Cathie ha contado más de cien pirámides en el citado valle.

 

      Sabemos igualmente de otra construcción al este de Sian. En este caso se trata de una pirámide atribuida al legendario emperador Ch’in Shih Huang-ti, cuyo sepulcro se encuentra en Litung, cerca de Sian. Hasta el momento sólo se ha excavado una parte relativamente pequeña, que sin embargo ya ha sido cubierta – en una extensión de unos 14.000 m2 – por una estructura metálica con techumbre de madera, a la que en ocasiones también tienen acceso los visitantes extranjeros. Nadie que tenga ocasión de viajar a China debería dejarse perder la oportunidad de visitar las maravillas prehistóricas de la época del emperador Ch’in Shih Huang-ti allí conservadas: seis mil figuras de terracota vidriada representando a guerreros, algunos de los cuales montan hermosísimos caballos igualmente de arcilla, del tamaño de ponies islandeses. Todas estas figuras han sido excavadas hace ya algunos años, descubiertas por pura casualidad. El emperador había mandado moldear y apostar en orden de batalla a todo este ejército fantasma a modo de guardia sepulcral que ahuyentara a posibles violadores de su tumba.

 

      Los visitantes todavía no han podido acceder, sin embargo, a la tumba propiamente dicha del emperador, que en la actualidad es buscada con ahínco por los arqueólogos chinos. Se rumorea que la tumba del “hijo del cielo” ha de ser extraordinariamente artística y refinada: un enorme sarcófago subterráneo, sobre el cual se extiende un cielo artificial con Sol, Luna y estrellas. Si estas tradiciones legendarias estuvieran basadas en hechos, se trataría de una sensación arqueológica de rango mundial.

 

      Los restos indudablemente más interesantes de la antigua civilización china se encuentran al oeste de Yoyang. En las estribaciones de la sierra de Hunan, a orillas de lago Dongting, se encuentra el llamado “valle de las piedras”, conocido también como “valle de granito”. En el año 1957 tuvo lugar allí un violento movimiento sísmico lacustre, a raíz del cual quedaron inesperadamente al descubierto los fragmentos de tres pirámides circulares.

 

      El arqueólogo Chi-Pen-lao, catedrático de la Universidad de Pekín, estudió en 1961 el lugar al frente de un equipo de especialistas. Las mediciones realizadas entonces permitieron deducir que aquellas construcciones también alcanzaron en su día una altura de 300 metros. Lo insólito, sin embargo, es la edad en la que han sido fechadas estas pirámides, pues Chi-Pen-lao remonta su construcción a unos 45.000 años.

 

      Los arqueólogos chinos descubrieron en las citadas pirámides circulares unos pasillos derruidos que conducen a cotas por debajo de la superficie del lago. Dichas galerías desembocan en un laberinto cuyas paredes lisas muestran claramente su procedencia artificial. Una de las galerías de trazado simétrico (y que se cruza con otras) condujo a los arqueólogos a una sala subterránea, donde Chi-Pen-lao y sus colaboradores descubrieron a la luz de las linternas una auténtica sensación: las paredes estaban cubiertas de dibujos hechos por medio de incisiones, que los arqueólogos chinos afirman que fueron realizados con certeza en época prehistórica.

 

      Esto hace que el hallazgo sea todavía más enigmático. Las incisiones representan animales que parecen huir todos en la misma dirección, perseguidos por seres humanos de pequeña estatura, fuertes, armados de una especie de cerbatanas, que aplican  a sus labios a modo de trompetas.

 

 

Escudos volantes

 

      Pero todavía resulta mucho más sorprendente lo que – según el relato de Chi-Pen-lao – se desarrolla por encima de esta escena de caza. En efecto, encima de las cabezas de los cazadores penden unos artefactos aerodinámicos, en forma de escudo, tripulados por seres humanoides, vestidos con chaquetas y pantalones modernos, que en sus manos portan artefactos parecidos a los actuales fusiles. Según el equipo investigador chino, debe tratarse de armas, puesto que están dirigidas exactamente contra los hombres que huyen.

 

                            

 

      Después de haber logrado establecer unos interesantes contactos durante mi visita a Pekín en 1972, tengo la intención de trasladarme de nuevo allí en la primavera de este año 1982, (N de R: la publicación original de este artículo data de febrero de 1982) con el fin de obtener material gráfico de las citadas representaciones rupestres. Sé que no se trata de una empresa fácil, pero el riesgo bien merece la pena.

 

      No cabe duda de que una documentación gráfica de este tipo echará luz sobre culturas prehistóricas desconocidas hasta el momento, al tiempo que demostraría de una vez por todas que en la antigüedad – y en otras partes – hubo una sociedad de seres muy capacitados, que tenían el poder suficiente para dominar a las demás personas.

 

      Quizás se trata efectivamente de los descendientes directos o de los elegidos por los “hijos del cielo”, nombre éste que los antiguos emperadores chinos solían darse.

 

 

 

EL AUTOR, fallecido en octubre de 2005, fue periodista y escritor. Pionero en el campo de la hipótesis del antiguo astronauta, publicó desde 1969 un total de 17 ensayos, tres biografías y tres novelas.  

 

© Peter Krassa – Derechos reservados.

Traducido y reproducido con permiso expreso.

 

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