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¿Fue realmente la civilización sumeria la primera que hubo?
¿O hubo otras civilizaciones anteriores más avanzadas que
esta civilización mesopotámica? La llamada Cultura Vinca
estaría tanto o más civilizada que la sumeria, compartiendo
unos dioses que decían llegar del espacio.
Pero
es que lo curioso de esta gente es que sus dioses guardan
un extraño parentesco con esos extraterrestres grises a los
que nos hemos acostumbrado.
¿Realmente los vieron así y como tal los esculpieron? ¿Eran
ésas las caras de los dioses?
Un siglo de excavaciones en el yacimiento neolítico de lo
que se entiende como cultura Vinca, la primera cultura
prehistórica de Europa, todavía no ha ofrecido respuestas a
algunos enigmas de hace más de 7.000 años.
El yacimiento de Vinca está a 14 kilómetros al sureste de
Belgrado, a orillas del Danubio, en el llamado centro de las
comunicaciones de hace 7.000 años, cuando los valles de los
ríos eran las principales vías de contacto. Este lugar se
encuentra en un cerro de 10 metros de altura, formado por
los estratos culturales de los que ocho metros corresponden
a la cultura Vinca del neolítico.
La ciudad de Vinca fue durante un milenio una verdadera
metrópoli, con tres mil habitantes, y centro de una
civilización que abarcaba el sureste europeo, la región
desde los Cárpatos hasta la llanura de Skopje, abarcando el
río Bosna, en el oeste, hasta Sofía, en el este. Como se
desconoce el nombre de esta civilización lo que se hace es
heredar el nombre de la ciudad de la que parece partir todo.
Los habitantes de Vinca edificaban casas sobre vigas de
madera, con paredes de paja y barro, el mejor aislamiento
térmico que hay, con techos de capas de caña gruesas y
suelos de tablas de madera.
Las casas, sin patios y con varias habitaciones, disponían
de muebles como sillas y camas. No hubo jamás guerras en
esta civilización, pudiendo decirse que fue uno de los
momentos de más paz del pasado.
Los comerciantes de Vinca viajaban por todo el mundo
entonces conocido para vender mercancías, hallándose
brazaletes y collares elaborados con conchas del
Mediterráneo.
La ciudad de Vinca contaba, en sus cercanías, con algunos
de las materiales de más valor en aquella época, como el
cinabrio, del que se obtiene el color bermellón. Mientras
que en los Cárpatos contaban con la obsidiana, un mineral
volcánico utilizado para hacer instrumentos cortantes, como
cuchillas de afeitar, y que todavía se utiliza en la cirugía
actual.
Se dedicaban también a diseñar tejidos, a pescar, a la
agricultura y la construcción de joyas de cobre.
Taladraban y pulimentaban piedra, de la que obtenían
objetos para todo tipo de usos, desde hachas hasta morteros
para moler cereales.
Los anzuelos de huesos de animales y de cuernos son de un
aspecto similar a los nuestros. También fabricaban figuras
de cerámica, recipientes y objetos de diferentes tamaños y
formas estéticas.
Su principal misterio radica en los símbolos de su
escritura que figuran en numerosos objetos de cerámica y que
algunos interpretan como su alfabeto.
Finalmente, la ciudad de Vinca desapareció en un gran
incendio, como todavía se aprecia en los restos
arqueológicos, pero aún es un enigma por qué sus ciudadanos
no permanecieron en esa zona o dónde fueron; es como si el
incendio formará parte de una hecatombe final, una forma de
acabar con la vida de todos sus ciudadanos, porque la
arqueología no sabe dónde fueron todos ellos o hacia dónde
se dirigieron.
Es ésta una época de producción artística, con grandes
estatuas, adornos corporales, y pintura de vivos colores en
cerámica, con telas y todo tipo de útiles y objetos. Se nota
que hay un elevado grado de expresividad artística,
sugerencia, y simbolismo, especialmente en cerámica y
estatuillas, que nos ofrece características sobre el tipo de
ropa o en el modo de vida. Sólo en este yacimiento de Vinca,
la arqueóloga Marija Gimbutas desenterró más de dos mil
estatuillas del sexto milenio antes de Cristo.
Y aunque parezca mentira, recientemente se ha descubierto
que usaban navegación por vela. En varias vasijas del sexto
milenio antes de Cristo aparecen los barcos de vela
dibujados. Gracias a los yacimientos de las islas del Egeo
se sabe que el comercio marítimo era ya abundante.
Y cómo no podía ser de otra manera, se conoce la existencia
de una escritura un tanto extraña. Y aunque no se han
encontrado largos textos como en el caso de las posteriores
tablillas cretenses, mesopotámicas, o egipcias, sí se han
localizado numerosos objetos con inscripciones que no han
podido ser descifradas. Los más antiguos han sido datados
entre el 5500 y 5300 a.C.

La cultura de Vinca aparece en las orillas de Danubio, como
se ha mencionado, a 14 kilómetros de Belgrado, donde yace
uno de los más grandes y más importantes asentamientos
neolíticos de Europa Oriental, descubierto en 1908 por el
equipo arqueológico de Miloje M. Vasic, el primer arqueólogo
de Serbia.
Gracias a los esfuerzos de Vasic, se excavó la parte
central entre los años 1908 y 1934. La labor de Vasic fue
interrumpida varias veces por las guerras mundiales, aunque
por fortuna fue ayudado por el Instituto Arqueológico de
Rusia Imperial. Vasic logró desenterrar una gran colección
de objetos de arte prehistórico que actualmente se
encuentran en los museos y universidades en todo el mundo,
siendo el de Prijna, en Kosovo, el que tiene la colección
más importante de piezas de la cultura Vinca.
Por aquel tiempo, tanto los arqueólogos yugoslavos como los
rumanos creían que la cultura de Vinca había surgido
alrededor de 2700 a. C. Sin embargo, la datación por
radiocarbono determinó la fecha de aparición de esta cultura
antes del 4000 a.C. Aunque, para algunos otros
historiadores, todavía la sitúan más lejos, sobre el 5200
a.C.
Los elementos más característicos de la cultura de Vinca
son las cerámicas oscuras, con decoración acanalada en
relieve, así como sus idolillos de barro y piedra con
rostros de cabezas extrañas. Y digo bien cabezas extrañas,
pues estos ídolos y máscaras que ellos habían esculpido
tomando a sus dioses como referentes, tienen caras
alargadas, narices aguileñas, ojos oblicuos y bocas
pequeñas. Son la misma estampa del estándar de
extraterrestre gris que tantas veces se ha visto en el caso
Roswell.

La cultura Vinca, por tanto, es coetánea a la de la
civilización sumeria. De hecho, al igual que el pueblo de
las cabezas negras, dejaron por escrito que sus dioses
llegaron del cielo, de la zona de las Pléyades, y que esos
dioses llegaron a convivir con ellos. Por extraño que
parezca, incluso uno de sus dioses principales, Mardek,
comparte características con el Marduk sumerio, como si se
tratara del mismo individuo.
Dado lo avanzado que estaba esta civilización, como hemos
podido comprobar, y dada su similitud con la cultura sumeria
tantas veces analizada por el desaparecido Zecharia Sitchin,
la gran pregunta que uno se hace es: ¿quiénes enseñaron a
estas gentes el uso de herramientas, la siembra, o el arte?
¿Cómo pudo una civilización así estar tan avanzada en lo que
se consideraría una civilización? ¿Por qué desaparecieron de
la noche a la mañana? Y por último, ¿sería verdad que
esculpían los dioses que compartían cama y comida con ellos,
tal y como los veían, en esos ídolos y máscaras de barro?
Difícil dar respuesta todavía, pero la incógnita del
misterio sigue estando ahí.
El misterio de la protoescritura Vinca
El sistema de signos de la escritura Vinca es, para algunos
autores, la más antigua forma de escritura (o protoescritura)
conocida, anticipándose en siglos a la grafía cuneiforme
mesopotámica.

Como la mayoría de los sistemas de escritura medio
descifrados o no descifrados todavía, la escritura Vinca ha
atraído la atención de los estudiosos. El arqueólogo serbio
Radivoje Pešic propone en sus obras que todos los símbolos
etruscos se encuentran en lae escritura Vinca. Esta visión
no es aceptada por los arqueólogos, pero lo que intenta
decir Pešic es que, incluso antes de la escritura cuneiforme
sumeria, la cultura Vinca debió ser la primera de todas, y
que de alguna forma fue imitada por el resto de culturas
florecientes.

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