Publicación exclusiva sobre la hipótesis de las paleovisitas extraterrestres
CONTCTO
 

LOS AMORÍOS DE LOS DIOSES

Milenarios mitos y leyendas

aluden a contactos carnales

entre los dioses y las mujeres

de la Tierra.

CÉSAR REYES DE ROA

CÉSAR REYES DE ROA

Argentina

cesarreyes@antiguosastronautas.com

 

 

Los más antiguos mitos y leyendas hablan insistentemente de amoríos entre los dioses y las mujeres terrestres.

 

Popularmente, la referencia más conocida es sin duda la de La Biblia, en Génesis 6,2: “Viendo los hijos de Dios la hermosura de las hijas de los hombres, tomaron de entre todas ellas por mujeres las que más les agradaron” (1). Pero en palabras muy semejantes, podemos leer también en el apócrifo Libro de Enoch que: “… los ángeles, hijos de los cielos, las vieron (a las mujeres), y las desearon, y se dijeron entre ellos: Vamos, escojamos mujeres entre los hijos de los hombres y engendremos hijos” (2).

 

Asimismo, en la rica y bien conocida mitología griega se relatan las aventuras amorosas de aquellos esbeltos dioses que habrían descendido del Olimpo para escoger mujeres de entre los mortales humanos; muy especialmente el gran dios Zeus que engendró un incontable número de hijos ilegítimos.

 

Pero como los dioses estuvieron surcando los cielos antiguos de todo el mundo por igual y con el mismo afán, también es posible encontrar relatos similares en los pueblos originarios del continente americano, como por ejemplo entre los indios Thompson de la Columbia Británica, en Canadá, que cuentan cómo una vez una mujer casada fue raptada por "la gente del cielo"  desatando así una infructuosa guerra para rescatarla, la cual culminó con la derrota y muerte de muchos guerreros y la extinción de varias especies animales. Y también en Norteamérica, el tema es bastante común entre los indios Hopi de Arizona, e involucra a ciertos espíritus mensajeros llamados Kachinas, que actúan como intermediarios entre los dioses y los hombres. El autor norteamericano Gary A. David, un verdadero experto en la cultura Hopi, escribió al respecto: Un ejemplo de la rara unión del espíritu mensajero y el Hopi mortal involucra un kachina anónimo que llevó a una joven mujer de Oraibi a la Tierra del Pueblo de la Nube. El padre de la muchacha había muerto recientemente, causando penurias a la familia. El Pueblo de la Nube había estado al parecer observándola a ella y a su madre y decidieron que el kachina debía casarse con ella. Un día la muchacha estaba en los campos recogiendo flores de calabaza cuando “… ella oyó un sonido estruendoso, un ruido sibilante como el del viento que pasa por un lugar pequeño, y se preguntó qué era.” Esto da a entender alguna clase de mecanismo en lugar de un medio de transporte orgánico o metafísico. Luego, ella vio el kachina que se acercaba (…) Él le dijo que deseaba casarse con ella y que la llevaría a su casa mañana.” (3).

 

El kachina y la doncella hopi se encontraron de nuevo a la mañana siguiente, como habían convenido, y Gary A. David cuenta como sigue el final de la historia en palabras textuales de  Harold Courlander , que remiten con exactitud a la narraciones de los Hopi, como ellos mismos las han transmitido de padres a hijos, de generación a generación; leemos: “Él la tomó de la mano y caminó con ella sobre la colina, y ella vio que había algo allí, algo redondo, y ellos fueron derecho hacia la cosa y entraron en ella. Y cuando hicieron eso, él hizo algo y hubo un gran estruendo y pronto se elevaron del suelo. La cosa en la que ellos estaban parecía estar girando, y salió rápido como un rayo. Después de un rato él dijo, ‘ Estamos aquí.' Ellos estaban de nuevo en el suelo y el estruendoso y sibilante sonido se detuvo. Él la llevó a su pueblo, a su casa. Cuando llegaron a su casa su madre y su padre estaban muy felices de que él hubiera encontrado a la muchacha de la que ellos habían hablado.” (4).

 

Ahora bien, si en el marco de la hipótesis del Antiguo Astronauta hemos de entender que los dioses de nuestros antepasados podrían ser en realidad visitantes extraterrestres que vinieron a la Tierra y entablaron contactos de diversa clase con los seres humanos, las singulares características de ese “redondo” medio de transporte de la feliz pareja al que alude la vieja leyenda de los Hopi me exime de mayores comentarios, salvo subrayar por completo de acuerdo lo dicho antes por mi colega y amigo Gary David: Esto da a entender alguna clase de mecanismo...”

 

 

Referencias del arte rupestre

 

Sin embargo, y más allá de todo lo expuesto hasta ahora, si estas hipotéticas relaciones amorosas entre los dioses/astronautas y las mujeres terrestres resultaran de algún modo verosímiles en el mismo sentido expresado en el 300 a.C. por el filósofo  griego Euhemero, quien en su “Historia Sagrada” sostuvo que los mitos eran en realidad disfraces de la historia verdadera; idea que por su parte también defendió el eminente historiador de las religiones Mircea Eliade al decir que “el mito se considera como una historia sagrada y, por tanto, una “historia verdadera”, puesto  que se refiere siempre a realidades”(5), servirían como indicios atinentes los registros artísticos que pudieran dar algún  tipo de testimonio visual donde los dichos adquieran cierta expresión “tangible”.

 

Y en tal sentido, me parecen ejemplos valederos las manifestaciones del milenario arte rupestre que ha servido a través del tiempo como puente cultural para rescatar del olvido diversas escenas de la vida del hombre antiguo. Así pues, presentaré a continuación dos pinturas que, al parecer, sugieren provocativos escenarios de un posible contacto entre las mujeres y los dioses…

 

La primera, fue descubierta hacia fines del siglo 19 por J. Bradshaw en el río Prince Regent de Kimberley, en el oeste de Australia. Al respecto, Bradshaw señaló que "… un rostro de perfil presenta facciones de tipo aguileño muy pronunciadas, bastante diferentes de los nativos que encontramos. De hecho, mirando a algunos de los grupos, uno podría imaginarse a sí mismo viendo las paredes pintadas de un antiguo templo egipcio. Estos bocetos parecían ser de gran antigüedad. " (6).

 

 Imagen de archivo de Stuart W. Greenwood.

 

Por su parte, con referencia a este mismo dibujo rupestre australiano, el Dr. Stuart W. Greenwood nos brinda una muy interesante interpretación, a saber: “Aunque gran parte de la obra de arte es estilizada, la impresión más fuerte causada por la escena es la del dominio de la figura de la izquierda y la relación de las otras figuras y animales con ella. El artista se ha tomado el trabajo de asociar la figura dominante con tres notables símbolos en directa proximidad. Para un estudioso de la hipótesis del Antiguo Astronauta, los símbolos podrían interpretarse respectivamente como indicadores de un sistema de órbitas planetarias alrededor de una estrella, un vehículo en órbita alrededor de una estrella, y un vehículo con el tren de aterrizaje desplegado y un penacho de escape. Igualmente significativo es el hecho de que la figura se muestra usando lo que parece ser un casco espacial. Teniendo en cuenta las limitaciones del artista, la combinación de imágenes impone la impresión de que en la figura dominante está representado un astronauta de considerable importancia. Y todo esto, que quede admitido, mucho antes del advenimiento de la moderna era espacial.

Las actitudes de las otras figuras son significativas. La figura barbada con sombrero ceremonial es al parecer un sacerdote. Se lo ve persuadiendo a dos mujeres para asistir al astronauta, frente al cual ellas parecen estar reaccionando con cierta aprensión. La serpiente en el fondo junto con el canguro y la mujer en primer plano se muestran en paz apartándose de la escena. Todo es compatible con la sugerencia de que el astronauta no sólo es un ser humano sino un tipo especial de ser humano. Pertenece a la categoría identificada en los mitos antiguos como dioses.” (7).

 

La segunda imagen que pongo a consideración muestra a mi entender una escena muy semejante a la vista, e idéntica por completo en sustancia. Fue descubierta, en 1976, en Tassili, Argelia, por una expedición española integrada por J. Blaschke, R. Brancas y J. Martínez, quienes para describir su hallazgo dijeron: “A la izquierda podemos apreciar una figura humana que parece arrastrar a un grupo de mujeres, sin demasiada violencia, hacia un objeto circular. Este objeto se asemeja a una entrada o abertura, y de ella surgen difusos destellos. De la cintura del hombre parte una especie de cordón que parece dirigirse hacia el interior del objeto redondo…” (8).

 

 

“¿Se trata de un ser extraterrestre intentando conducir a cuatro mujeres a su vehículo espacial?”, se preguntan acto seguido los expedicionarios españoles, y agregan más adelante: “¿Cuál era el significado de esta escena? ¿La entrega de una novia a un ser extraterrestre?” (8).

 

A mi juicio, tales interrogantes parecen ser desde luego atendibles, muy especialmente en un contexto de imágenes tan provocativas como las que abundan en Tassili, donde la extraña apariencia de los seres denominados “cabezas redondas” nos permite evocar la típica vestimenta de los astronautas. De hecho, ya en 1956, es decir veinte años antes de la llegada de la expedición española antes mencionada, el reconocido etnólogo y arqueólogo francés Henri Lhote encontró, entre muchas otras figuras enigmáticas, la de un enorme ser de más de 6 metros de altura, al cual le dio el sugestivo nombre de “El Gran Dios Marciano”. Lhote lo describió así: “El perfil es simple, y la cabeza redonda y sin más detalles que un doble óvalo en mitad de la cara, recuerda la imagen que comúnmente nos forjamos de un ser de otro planeta. ¡Los marcianos! ¡Qué título para un reportaje y qué anticipación! Pues si seres extraterrestres pusieron alguna vez pie en el Sahara, hubo de ser hace muchísimos siglos ya que las pinturas de esos personajes de cabeza redonda del Tassili cuentan, por lo que colegimos, entre las más antiguas.” (9).

 

 

En conclusión…

 

Viendo las cosas así, de dos en dos, y parafraseando más o menos al personaje de Gil Grissom en “CSI Las Vegas”, entiendo que lo que se presenta una vez puede ser casualidad, pero cuando lo hace ya dos veces es una sospechosa coincidencia. Y por consiguiente, podría considerarse aceptable sostener como hipótesis preliminar que la similitud entre ambas imágenes aquí mostradas corresponde a un tema común y recurrente que habría trascendido de la palabra a lo pictórico, como indicio de su pretérita realidad.

 

Claro está que quienquiera es libre de desarrollar una interpretación individual diferente, porque en definitiva la reconstrucción de nuestro más lejano pasado es muchas veces el resultado de subjetivas apreciaciones, y con opiniones encontradas. Sin embargo, los hechos a partir de los cuales podemos especular  y teorizar son los mismos para todos, como, por ejemplo, el hecho de que muy antiguos mitos y leyendas y textos sagrados hablan de la unión carnal entre mujeres y dioses, y la existencia documentada de al menos dos pinturas rupestres que representan a figuras femeninas junto a extraños personajes…

 

Para pensar al respecto, sería oportuno recordar ahora las acertadas palabras del prestigioso escritor británico Isaac Asimov: “Negar un hecho es lo más fácil del mundo. Mucha gente lo hace, pero el hecho sigue siendo un hecho”

 

 

Referencias

 

1-     Sagrada Biblia - Editorial Herder, Barcelona, 1970.

2-     El Libro de Enoch - Editorial 7 ½, Barcelona, 1979.

3-     Gary A. David, “Escudos voladores de los Hopi sobre Arizona” - www.antiguosastronautas.com

4-     Harold Courlander, “Hopi Voices: Recollections, Traditions, and Narratives of the Hopi Indians” - Albuquerque: University of New Mexico Press, 1982, pp. 200-202.

5-     Mircea Eliade, “Mito y Realidad” – Editorial Labor, Barcelona, 1968.

6-     J. Bradshaw,  “Notes on a Recent Trip to Prince Regent’s River”,  Transactions of the Royal Geographic Society of Victoria,  Vol. IX,  part 2,  1892,   pp. 90-103.

7-     Stuart W. Greenwood, “Una evocadora pintura rupestre” – www.antiguosastronautas.com

8-     J. Blaschke, R. Brancas, J.Martínez, “Los dioses de Tassili”- Ediciones Martínez Roca,Barcelona, 1978

9-     Henri Lhote, “Hacia el descubrimiento de los frescos de Tasili” – Ediciones Destino, Barcelona, 1961.

 

 

EL AUTOR  es periodista versado en ciencia y fue coordinador documental de la revista Cuarta Dimensión, jefe de redacción de otras publicaciones especializadas y actualmente es el editor de antiguosastronautas.com. Desde 1980 ha publicado gran número de artículos referidos a la hipótesis de las paleovisitas extraterrestres.

 

 

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