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¿Qué es una “anomalía histórica?”
Generalmente, es cualquier hallazgo que contradice el
“escenario histórico del mundo” generalmente aceptado (o el
“el escenario científico del pasado”) - como, por ejemplo,
las inscripciones fenicias en América, o el antiguo modelo
en madera de un planeador encontrado en Egipto en 1898, o
“la máquina calculadora” de Antikythera. Pero más
específicamente, es un objeto histórico o pieza de
información sobre el pasado cuyo contenido no sólo discrepa
con lo que sabemos (o suponemos saber) sobre la historia
humana, sino también, fundamentalmente, con nuestra opinión
principal acerca de lo que era posible y lo que era
imposible en el pasado. (Por ejemplo, los aviones,
helicópteros, o el armamento nuclear nunca podrían existir
en la Tierra antes del siglo 20, en tanto que, digamos, los
globos de aire caliente y deslizadores de alas delta de
algún tipo, comúnmente hablando, podrían haber sido
construidos por los antiguos.)
En la práctica, el carácter anómalo de un
hallazgo extraño (y más aun el “para-qué” de “la información
extraña” de una antigua fuente escrita) sólo raramente puede
ser evidente por sí mismo. Más bien aparece durante el
proceso de examen del hallazgo o interpretación de la fuente
de información. En general, sin embargo, los problemas que
surgen cuando estamos estudiando “anomalías históricas” son
bastante parecidos a los problemas “habituales” de una
investigación histórica “normal”: ¿la fuente es auténtica?;
¿ha sido correctamente datado?; ¿qué tan convincentemente ha
sido restablecido su estado original?; ¿la interpretación
propuesta de su función y construcción es lo bastante
fiable?; etc.
“Idealmente” cualquier anomalía
evidente debería haber sido inmediatamente “interceptada”
por la ciencia y estudiada en los laboratorios e institutos
de investigación. Pero, por lo general, nada de esto
ocurre. ¿Por qué? No hay ningún enigma particular en esta
situación.
El “peso” de algunas anomalías depende,
en primer lugar, de la actitud de los especialistas hacia
ellas. Cualquier esquema teórico serio (en este caso - “el
escenario científico del pasado”) no es en absoluto ninguna
nimiedad: está basado en una gran colección de datos y mucho
trabajo y esfuerzo puesto en ello por historiadores y
arqueólogos. No es pura casualidad que las anomalías sean
interesantes principalmente para los diletantes,
considerando que los especialistas aprecian el conocimiento
establecido por sobre todo el resto.
En otras palabras, el “conflicto
interno” entre la historia y las “anomalías históricas” es
una triste realidad (los historiadores, como cualquier otro
especialista, están inclinados a no prestar atención a los
“aficionados” que entran sin autorización en su terreno y
apuntan un dedo en dirección de las – a veces imaginarias, a
veces reales – anomalías) y esto es motivado principalmente
por la contraposición de intereses cognoscitivos de los
historiadores y los anomalistas.
La más racional debe ser la visión
anomalística de la historia. Prestando mucha más atención a
las anomalías, se apoyaría al mismo tiempo en el
conocimiento científico “normal” sobre el pasado humano,
antes que contradecirlo rotundamente.
En este sentido, sería de interés e
importancia entender por quién, cómo, y por qué se ha
prestado atención a las anomalías históricas. En particular,
fue, claro, la paleovisitología que se interesó en ellas,
procediendo a partir de consideraciones teóricas: las
antiguas visitas del espacio no pueden resolverse a priori,
y los rastros de tales visitas deben ser “por definición”
algunas anomalías (o “enigmas históricos”). Pero los
defensores de la concepción de una “civilización
precedente”, en primer lugar los atlantologistas,
discutieron varios de estos enigmas mucho antes.
Una contribución esencial para la
revelación de las anomalías del pasado también fue hecha por
la “ufología histórica” de los años cincuenta (las
publicaciones de D. Leslie, H., Wilkins, M., Jessup, y
otros). Era una clase de “proto-paleovisitología” que
apuntaba a un estrecho propósito - averiguar si el fenómeno
UFO hubo existido en la antigüedad, pero anticipando al
mismo tiempo algunas características de la futura teoría
del Antiguo Astronauta que se originó unos diez años
después. A pesar de todos los errores, declaraciones
fantásticas, y forzadas interpretaciones, bastante típico en
los trabajos de la ufología histórica, estos autores
trajeron a la luz datos muy interesantes.
Ahora, existen varias anomalías
históricas ya sean descubiertas en el proceso profesional de
los estudios históricos y arqueológicos (como “las baterías
eléctricas de Bagdad”, por ejemplo), o bien accidentalmente
(en particular, muchos “objetos fósiles no identificados”).
Después del descubrimiento, ellas pueden ser encajadas a la
fuerza por los especialistas en el armazón de la “normalidad
histórica” (más o menos a la manera de Procrusto), o ser
interpretadas desde el punto de vista del “panorama
anomalístico del pasado.” El último involucra, junto con los
componentes científicamente aceptables, también algunos
conceptos que la ciencia todavía está negando: la hipótesis
de una civilización precedente, la hipótesis de la
paleovisita (en su forma “clásicamente histórica” o
“histórica-ufológica”), y también una vaga idea de una
antigüedad extrema de la existencia del hombre en la Tierra
(más allá del período Carbonífero, aunque en un estado
“salvaje”). En cierto modo tangencialmente, hay también una
“ciencia de la creación” que intenta reinterpretar el
conocimiento científico de acuerdo con la creencia en la
verdad literal de la Biblia.
Es entendible que incluso la versión
“extrema” de la hipótesis de la paleovisita – el concepto
de la creación del homo sapiens y/o la civilización humana
por astronautas extraterrestres (para no mencionar las
paleovisitas “normales” - es decir las “breves”
expediciones de investigación a este planeta) esté mucho
mejor correlacionada con el escenario científico del mundo y
los principios generales de la ciencia que el modelo
creacionista. Al mismo tiempo, cuando suponemos que existió
en la Tierra una civilización tecnológica altamente
desarrollada mucho antes de la historia registrada, nos
encontramos con por lo menos dos preguntas difíciles: ¿por
qué entonces las anomalías históricas son tan raras, y por
qué heredamos el sistema ecológico de nuestro planeta en un
estado intacto? Para contestar estas preguntas, uno puede,
claro, acudir a las suposiciones ad hoc, creyendo, por
ejemplo, que la civilización anterior era una estrictamente
local y/o no-tecnológica - pero tales suposiciones parecen
ser muy artificiales.
Por otro lado, es muy poco razonable
negar rotundamente la posibilidad de la existencia de
civilizaciones locales, más antiguas que Egipto y Sumer, que
perecieron a causa de algún desastre natural - como la
legendaria Atlántida. La atlantología ha sido durante mucho
tiempo una descarga a tierra natural para la información
sobre las anomalías históricas; últimamente su popularidad
decayó notoriamente - pero no a cero. El trabajo “El
Enigma de Bimini”, escrito por el investigador sueco
Talbot Shaw Lindstrom y publicado en RB (RIAP Bulletin),
testifica que la búsqueda de artefactos antiguos en el fondo
del Océano Atlántico no es en absoluto insensata.
Probablemente, el rasgo más esencial de
las anomalías históricas, que las convierte en un objeto
atractivo para la investigación, es su tangibilidad. A pesar
de que, digamos, la colección existente de informes UFO es
definitivamente mucho más grande, hay en ésta muy pocos
objetos tangibles. También, el número de rastros
potencialmente disponible para un auténtico estudio de las
hipotéticas paleovisitas excede considerablemente el número
de “señales de radio enigmáticas” en (radio -) SETI.
El “lado oscuro” de esta situación es,
sin embargo, la “objetivamente contradictoria” posición de
la paleovisitología que debe ser al mismo tiempo una
disciplina histórica y una rama de SETI. Los historiadores
son, por lo general, indiferentes a las civilizaciones
extraterrestres, y los radio-astrónomos lo son a la historia
terrestre. Por eso la idea de la paleovisita ha caído en la
práctica en una grieta entre la historia y SETI.
No obstante, siendo expulsada de la
ciencia, no pereció, sino que formó su propio para- (o más
bien pre -) científico campo de interés cognoscitivo –
concretamente, la preastronáutica, basada en la teoría del
Antiguo Astronauta (TAA). En parte éste puede ser
considerado como otro “campo de atracción”, pero en este
caso esta división no está tan definida como en la ufología.
Sin embargo, escéptica es la actitud de “los verdaderos
científicos” hacia los aficionados de la TAA, los últimos
están por lejos menos orientados hacia el entretenimiento
que sus colegas de la ufología. “La ufología de tabloide”
es, ay, una realidad; “la preastronáutica de tabloide” es
casi inexistente.
Lo que es más, a diferencia de la
situación actual en el mundo de la ufología, la
paleovisitología tiene su propio paradigma. Éste se originó
a finales de los años 1950 y principios de 1960, cuando el
Dr. Matest Agrest, eminente matemático y participante del
Proyecto Nuclear soviético, presentó su hipótesis sobre los
contactos con extraterrestres en el pasado, basando sus
argumentos principalmente en los textos Bíblicos. Se revelan
algunos detalles especiales de esta historia en el trabajo
del Dr. Agrest “Sobre el Desarrollo de la Idea de los
Paleocontactos en la URSS a Comienzos de los Años Sesenta”
publicado en RB (RIAP Bulletin). En particular, resulta que
el académico Igor Kurchatov, excelente físico soviético y
cabeza del Proyecto Nuclear, iba a recomendar el trabajo del
Dr. Agrest para su publicación en los Informes de la
Academia de Ciencias de la URSS. Si este plan hubiese sido
llevado a cabo, este trabajo podría haber jugado un papel
similar a aquel del famoso escrito de G. Cocconi y P.
Morrison que echó los cimientos de todo el campo de SETI.
Desgraciadamente, la realidad
demostró ser diferente.
No obstante, incluso habiendo sido
publicado en el anuario geográfico Na Sushe i na More,
el trabajo del Dr. Agrest “Los Cosmonautas de Antaño”
sentó la base para el paradigma de la paleovisitología (en
el sentido “clásico” de este término – como un modelo para
proponer y resolver tareas de investigación): intentando
encontrar evidencia de paleovisitas y paleocontactos,
deberíamos buscar los enigmas históricos, rastros de
conocimientos “anómalamente avanzados” y tecnologías de los
ancestros, así como información (textual y pictórica) sobre
“astronautas extraterrestres.”
Por supuesto, la historia de los estudios
anomalísticos es significativa, pero su extenso progreso es
aun más importante. El aspecto histórico de la
paleovisitología (el trabajo del Dr. Agrest) se encuentra
con su aspecto “futurológico”. Me refiero al trabajo
“Búsqueda de Rastros de Paleovisitas: Principios Generales y
Algunos Problemas”, escrito por el Dr. Yuriy Morozov.
Éste está dirigido a los profesionales que entienden que el
problema de las paleovisitas es serio, significante y
verdaderamente importante para la ciencia, siendo
embarazoso al mismo tiempo por lo fútil de algunos
argumentos de los defensores de la teoría del Antiguo
Astronauta, y por las acusaciones de sus oponentes por la
marcada diferencia entre esta teoría y las normas de la
investigación científica. El Dr. Morozov demuestra
convincentemente que la investigación paleovisitológica
puede ser conducida sobre fundamentos del todo racionales y
estrictamente científicos. La única objeción que yo podría
formular a este respecto es que la ciencia en sí misma no es
en realidad tan racional - pero parece que el Dr. Morozov
no ignora este hecho (ver sus respuestas a las preguntas de
RB en la pág. 13 *). Pero me gustaría repetir lo que escribí
más de una vez en los primeros números de RB: cuando la
ciencia se aparta en la práctica de su propio ideal de
cognición objetiva, los anomalistas debemos mantener ese
ideal en nuestro propio trabajo.
*
Nota del
traductor:
el autor se refiere al número 3-4 de RIAP Bulletin, Vol 8, 2002.
EL AUTOR
es doctor en filosofía de la ciencia, egresado de la
Academia de Ciencias de la ex Unión Soviética. Ha publicado
gran cantidad de artículos y libros en relación a la
hipótesis de las paleovisitas y sobre el problema de la
existencia de vida extraterrestre inteligente. Actualmente
es presidente del comité científico de RIAP – Research
Institute on Anomalous Phenomena.
© Vladimir V. Rubtsov, 2002 – Derechos reservados.
Traducido y reproducido con permiso expreso del autor.
Prohibida su reproducción sin autorización previa del autor
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