Publicación exclusiva sobre la hipótesis de las paleovisitas extraterrestres
CONTCTO
 

PALEOVISITOLOGÍA: TODAVÍA EN LA ENCRUCIJADA...

El estudio de las “anomalías históricas” requiere de los científicos una actitud auténticamente inspirada por el ideal de cognición objetiva que ellos mismos sostienen.

 

VLADIMIR V. RUBTSOV

Dr. VLADIMIR V. RUBTSOV

Ucrania

www.geocities.com/riap777/

 

 

¿Qué es una “anomalía histórica?” Generalmente, es cualquier hallazgo que contradice el “escenario histórico del mundo” generalmente aceptado (o el “el  escenario científico del pasado”) - como, por ejemplo, las inscripciones fenicias en América, o el antiguo modelo en madera de un planeador encontrado en Egipto en 1898, o  “la máquina calculadora” de Antikythera. Pero más específicamente, es un objeto histórico o pieza de información sobre el pasado cuyo contenido no sólo discrepa con lo que  sabemos (o suponemos saber) sobre la historia humana, sino también, fundamentalmente, con nuestra opinión principal acerca de lo que era posible y lo que era imposible en el pasado. (Por ejemplo, los aviones, helicópteros, o el armamento nuclear nunca podrían existir en la Tierra antes del siglo 20, en tanto que, digamos, los globos de aire caliente y deslizadores de alas delta de algún tipo, comúnmente hablando, podrían haber sido construidos por los antiguos.)

 

En la práctica, el carácter anómalo de un hallazgo extraño (y más aun el “para-qué” de “la información extraña” de una antigua fuente escrita) sólo raramente puede ser evidente por sí mismo. Más bien aparece durante el proceso de examen del hallazgo o interpretación de la fuente de información. En general, sin embargo, los problemas que surgen cuando estamos estudiando “anomalías históricas” son bastante parecidos a los problemas “habituales” de una investigación histórica “normal”: ¿la fuente es auténtica?; ¿ha sido correctamente datado?; ¿qué tan convincentemente ha sido restablecido su estado original?; ¿la interpretación propuesta de su función y construcción es lo bastante fiable?; etc.  

 

“Idealmente” cualquier anomalía evidente debería haber sido inmediatamente “interceptada” por la ciencia y estudiada en los laboratorios e institutos de  investigación. Pero, por lo general, nada de esto ocurre. ¿Por qué? No hay ningún enigma particular en esta situación.

 

El  “peso” de algunas anomalías depende, en primer lugar, de la actitud de los especialistas hacia ellas. Cualquier esquema teórico serio (en este caso -  “el escenario científico del pasado”) no es en absoluto ninguna nimiedad: está basado en una gran colección de datos y mucho trabajo y esfuerzo puesto en ello por historiadores y arqueólogos. No es pura casualidad que las anomalías sean interesantes principalmente para los diletantes, considerando que los especialistas aprecian el conocimiento establecido por sobre todo el resto.

 

En otras palabras, el  “conflicto interno” entre la historia y las “anomalías históricas” es una triste realidad (los historiadores, como cualquier otro especialista, están inclinados a no prestar atención a los “aficionados” que entran sin autorización en su terreno y apuntan un dedo en dirección de las – a veces imaginarias, a veces reales – anomalías) y esto es motivado principalmente por la contraposición de intereses cognoscitivos de los historiadores y los anomalistas.

 

La más racional debe ser la visión anomalística de la historia. Prestando mucha más atención a las anomalías, se apoyaría al mismo tiempo en el conocimiento científico “normal” sobre el pasado humano, antes que contradecirlo rotundamente.

 

En este sentido, sería de interés e importancia entender por quién, cómo, y por qué se ha prestado atención a las anomalías históricas. En particular, fue, claro, la paleovisitología que se interesó en ellas,  procediendo a partir de consideraciones teóricas: las antiguas visitas del espacio no pueden resolverse a priori, y los rastros de tales visitas deben ser “por definición” algunas anomalías (o “enigmas históricos”). Pero los defensores de la concepción de una “civilización precedente”, en primer lugar los atlantologistas, discutieron varios de estos enigmas mucho antes.   

 

Una contribución esencial para la revelación de las anomalías del pasado también fue hecha por la “ufología histórica” de los años cincuenta (las publicaciones de D. Leslie, H., Wilkins, M., Jessup, y otros). Era una clase de “proto-paleovisitología” que apuntaba a un estrecho propósito - averiguar si el fenómeno UFO hubo existido en la antigüedad, pero anticipando al mismo tiempo algunas características de la futura teoría del  Antiguo Astronauta  que se originó unos diez años después. A pesar de todos los errores, declaraciones fantásticas, y forzadas interpretaciones, bastante típico en los trabajos de la ufología  histórica, estos autores trajeron a la luz datos muy interesantes.

 

Ahora, existen varias anomalías históricas ya sean descubiertas en el proceso profesional de los estudios históricos y arqueológicos (como “las baterías eléctricas de Bagdad”, por ejemplo), o bien accidentalmente (en particular, muchos “objetos fósiles no identificados”). Después del descubrimiento, ellas pueden ser encajadas a la fuerza por los especialistas en el armazón de la “normalidad histórica” (más o menos a la  manera de Procrusto), o ser interpretadas desde el punto de vista del “panorama anomalístico del pasado.” El último involucra, junto con los componentes científicamente aceptables, también algunos conceptos que la ciencia todavía está negando: la hipótesis de una civilización precedente, la hipótesis de la paleovisita (en su forma “clásicamente histórica” o “histórica-ufológica”), y también una vaga idea de una antigüedad extrema de la existencia del hombre en la Tierra (más allá del período Carbonífero, aunque en un estado “salvaje”). En cierto modo tangencialmente, hay también una  “ciencia de la creación” que intenta reinterpretar el conocimiento  científico de acuerdo con la creencia en la verdad literal de la Biblia.

 

Es entendible que incluso la versión “extrema”  de la hipótesis de la paleovisita – el concepto de la creación del homo sapiens y/o la civilización humana por astronautas extraterrestres (para no mencionar las paleovisitas  “normales” -  es decir las “breves”  expediciones de investigación a este planeta) esté mucho mejor correlacionada con el escenario científico del mundo y los principios generales de la ciencia que el modelo creacionista. Al mismo tiempo, cuando suponemos que existió en la Tierra una civilización tecnológica altamente desarrollada  mucho antes de la historia registrada, nos encontramos con por lo menos dos preguntas difíciles: ¿por qué entonces las anomalías históricas son tan raras, y por qué heredamos el sistema ecológico de nuestro planeta en un estado intacto? Para contestar estas preguntas, uno puede, claro, acudir a las suposiciones ad hoc, creyendo, por ejemplo, que la civilización anterior era una estrictamente local y/o no-tecnológica - pero tales suposiciones parecen ser muy artificiales.

 

Por otro lado, es muy poco razonable negar rotundamente la posibilidad de la existencia de civilizaciones locales, más antiguas que Egipto y Sumer, que perecieron a causa de algún desastre natural -  como la legendaria Atlántida. La atlantología  ha sido durante mucho tiempo una descarga a tierra natural para la información sobre las  anomalías históricas; últimamente su popularidad decayó notoriamente -  pero no a cero. El trabajo “El Enigma de Bimini”, escrito por el investigador sueco Talbot Shaw Lindstrom y publicado en RB (RIAP Bulletin), testifica que la búsqueda de artefactos antiguos en el fondo del Océano Atlántico no es en absoluto insensata.

 

Probablemente, el rasgo más esencial de las anomalías históricas, que las convierte en un objeto atractivo para la investigación, es su tangibilidad. A pesar de que, digamos, la colección existente de informes UFO es definitivamente mucho más grande, hay en ésta muy pocos objetos tangibles. También, el número de rastros potencialmente disponible para un auténtico estudio de las hipotéticas paleovisitas  excede considerablemente el número de “señales de radio enigmáticas” en (radio -) SETI.

 

El  “lado oscuro” de esta situación es, sin embargo, la “objetivamente contradictoria” posición de la paleovisitología que debe ser al mismo tiempo una disciplina histórica y una rama de SETI. Los historiadores son, por lo general, indiferentes a las civilizaciones extraterrestres, y los radio-astrónomos lo son a la historia terrestre. Por eso la idea de la paleovisita ha caído en la práctica en una grieta entre la historia y SETI.   

 

No obstante, siendo expulsada de la ciencia, no pereció, sino que formó su propio para- (o más bien pre -) científico campo de interés cognoscitivo – concretamente, la preastronáutica, basada en la teoría del Antiguo Astronauta (TAA). En parte éste puede ser considerado como otro “campo de atracción”, pero en este caso esta división no está tan definida como en la ufología. Sin embargo, escéptica es la actitud de “los verdaderos científicos” hacia los aficionados de la TAA, los últimos están por lejos menos orientados hacia el entretenimiento que sus colegas de la ufología. “La ufología de tabloide” es, ay, una realidad; “la preastronáutica de tabloide” es casi inexistente.

 

Lo que es más, a diferencia de la situación actual en el mundo de la ufología, la paleovisitología tiene su propio paradigma.  Éste se originó a finales de los años 1950 y principios de 1960, cuando el Dr. Matest Agrest, eminente matemático y participante del Proyecto Nuclear soviético, presentó su hipótesis sobre los contactos con extraterrestres en el pasado, basando sus argumentos principalmente en los textos Bíblicos. Se revelan algunos detalles especiales de esta historia en el trabajo del Dr.  Agrest  “Sobre el Desarrollo de la Idea de los Paleocontactos en la URSS a Comienzos de los Años Sesenta” publicado en RB (RIAP Bulletin). En particular, resulta que el académico Igor Kurchatov, excelente físico soviético y cabeza del Proyecto Nuclear, iba a recomendar el trabajo del Dr. Agrest para su publicación en los Informes de la Academia de Ciencias de la URSS. Si este plan hubiese sido llevado a cabo, este trabajo podría haber jugado un papel similar a aquel del famoso escrito de G. Cocconi y P. Morrison que echó los cimientos de todo el campo de SETI. Desgraciadamente, la realidad demostró ser diferente.  

 

No obstante, incluso habiendo sido publicado en el anuario geográfico Na Sushe i na More, el trabajo del Dr. Agrest “Los Cosmonautas de Antaño” sentó la base para el paradigma de la paleovisitología (en el sentido “clásico” de este término – como un modelo para proponer y resolver tareas de investigación): intentando encontrar evidencia de paleovisitas y paleocontactos, deberíamos buscar los enigmas históricos, rastros de conocimientos “anómalamente avanzados” y tecnologías de los ancestros, así como información (textual y pictórica) sobre “astronautas extraterrestres.”

 

Por supuesto, la historia de los estudios  anomalísticos es significativa, pero su extenso progreso es aun más importante. El aspecto histórico de la paleovisitología (el trabajo del Dr. Agrest) se encuentra con su aspecto “futurológico”. Me refiero al  trabajo “Búsqueda de Rastros de Paleovisitas: Principios Generales y Algunos Problemas”, escrito por el Dr. Yuriy Morozov. Éste está dirigido a los profesionales que entienden que el problema de las paleovisitas es serio, significante y verdaderamente importante para la ciencia,  siendo embarazoso al mismo tiempo por lo fútil de algunos argumentos de los defensores de la teoría del Antiguo Astronauta, y por las acusaciones de sus oponentes por la marcada diferencia entre esta teoría y las normas de la investigación científica. El Dr. Morozov demuestra convincentemente que la investigación paleovisitológica puede ser conducida sobre fundamentos del todo racionales y estrictamente científicos. La única objeción que yo podría formular a este respecto es que la ciencia en sí misma no es en realidad tan racional  - pero parece que el Dr. Morozov no ignora este hecho (ver sus respuestas a las preguntas de RB en la pág. 13 *). Pero me gustaría repetir lo que escribí más de una vez en los primeros números de RB: cuando la ciencia se aparta en la práctica de su propio ideal de cognición objetiva, los anomalistas debemos mantener ese ideal en nuestro propio trabajo.

 

 

* Nota del traductor: el autor se refiere al número 3-4 de RIAP Bulletin, Vol 8, 2002.

 

EL AUTOR es doctor en filosofía de la ciencia, egresado de la Academia de Ciencias de la ex Unión Soviética. Ha publicado gran cantidad de artículos y libros en relación a la hipótesis de las paleovisitas y sobre el problema de la existencia de vida extraterrestre inteligente. Actualmente es presidente del comité científico de RIAP – Research Institute on Anomalous Phenomena.

 

© Vladimir V. Rubtsov, 2002 – Derechos reservados.

Traducido y reproducido con permiso expreso del autor.

 

Prohibida su reproducción sin autorización previa del autor