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La noticia
saltaba estando en China... El gigantesco ejército de
terracota que custodia el mausoleo del emperador Qin
Shihuang se encuentra en grave peligro... Al menos 40
variedades de moho atacan a las enigmáticas figuras
descubiertas oficialmente en 1974. Estas estatuas son tan
sólo la punta del iceberg... El siniestro palacio oculto del
emperador más cruel de China espera aún ser rescatado de
entre las profundidades... ¿Qué se oculta en su interior?
Así lo publicaba
el China Daily. El gobierno chino, que hasta la fecha
se había negado a aceptar la ayuda y colaboración de países
occidentales para desenterrar las más de 8.000 figuras que
componen el ejército fantasma del emperador Qin Shihuang, se
ha visto forzado a firmar un acuerdo con Janssen
Pharmaceutical NV, una firma belga, que será la encargada de
desterrar el moho de los malogrados soldados. No será un
trabajo sencillo porque, según declaró al mismo diario Wu
Yongqi , el conservador del museo donde se encuentran las
figuras: “Debido a la variedad de los tipos de moho, es
difícil eliminar todas las especies sin ayuda profesional de
los expertos en erradicación de hongos”.
La
China inexplorada
A pesar de que en
China se han hallado pruebas de presencia humana desde hace
casi 2 millones de años, la exploración arqueológica de este
territorio está aún en pañales, sobre todo debido a la falta
de medios económicos, a la envergadura del país y también,
porqué no decirlo, - como gustan en reconocer los propios
guías chinos -, a la filosofía de esta cultura que defiende
que “no se debe explotar a los antepasados... hay que
protegerlos y permitir que continúen con su eterno
descanso”.
No olvidemos que
las primitivas creencias religiosas chinas apuntaban como
premisas, el culto a los antepasados y, por supuesto, a las
fuerzas de la naturaleza. Para ellos, estaban dotadas de
vida propia en forma de tétricos espíritus.
Posiblemente,
estos motivos expuestos líneas atrás son los responsables de
que mausoleos piramidales como el del primer emperador de la
China unificada, Qin Shihuang, emplazado al este de Lintong,
en la provincia de Shaanxi, cerca de la ciudad de Xi'an, aún
no hayan sido explorados... Sin embargo, su ejército de
terracota, encargado de custodiar el eterno descanso del
emperador, desenterrado a kilómetro y medio del túmulo
funerario, hace más que sospechar que el día que vea la luz
la pirámide del mayor tirano de China, el mundo se quedará
boquiabierto...
La
octava maravilla del mundo
No en vano, dicho
ejército ha sido calificado como la octava maravilla del
mundo... De lo que no cabe duda es de que se trata de uno de
los descubrimientos arqueológicos más importantes del siglo.

8.000 figuras de
terracota representando a caballos de la raza mongola,
carruajes de bronce y hombres armados, (a escala real,
aunque algunos miden 2 metros), creados hace la friolera de
2.200 años, surgen a diario de entre las entrañas de la
tierra.
Dichas estatuas
se encuentran repartidas en tres fosas aunque se sabe que
existe al menos una más, todavía inexplorada. Para que el
lector se haga una idea de las dimensiones de la fosa 1 (la
más grande) ésta ocupa 330 metros de largo, 62 de ancho y
posee una superficie de 14.260 metros cuadrados.
Aunque las fosas
no se comunican entre sí, analizándolas por dentro se
observa claramente que entre todas ellas existe una relación
directa, interdependiente y unitaria: ¡estamos ante una
agrupación militar ordenada y concienzudamente calculada!.
No hay
dos caras iguales, no se emplearon moldes...
Quizá lo que más
sorprende al visitante y que fue precisamente lo que nos
llamó poderosamente la atención al entrar en las fosas, que
se encuentran a 5 metros bajo tierra, fue el hecho de que no
hay dos caras iguales entre los soldados de Qin Shinhuang, y
también descubrir que los guerreros no se hicieron bajo
moldes como los que se emplean actualmente para fabricar
piezas de coche en serie.
Al principio este
aspecto pasa un tanto desapercibido pues las dimensiones de
la fosa 1 sobrecogen al más osado (algo así como el palacio
de deportes de la Comunidad de Madrid), pero al fijarse en
las estatuas detenidamente se repara en que no sólo las
caras difieren entre sí, sino que están dotadas de gran
expresividad... Y sus gestos indican al intruso que debe
abandonar ese lugar de inmediato, que las tropas están
dispuestas a atacar... No olvidemos que todos los soldados
aparecieron equipados con armas reales que fueron colocadas
en otras dependencias... arcos, espadas de metal, etc.
Sacrificios y otros enigmas de las fosas
El creador de
tamaña hazaña tenía muy claro que estos ejércitos poseían un
cometido
de ultratumba.
Por increíble que resulte de comprender no fueron moldeados
con la esperanza de sorprender al mundo, - como de hecho ha
sucedido -, sino con el ánimo de proteger algo muy
preciado, algo todavía arcano para nosotros...
Esto explica que las filas de soldados hayan sido separadas
por muros de tierra de 3 metros de alto, que dichas paredes
fueran vestidas con vigas de madera y, que sobre éstas, se
pusieran columnas igualmente distanciadas para sostener
vigas cuadradas y tablas ensambladas horizontalmente.
Después, como queda descrito por Wu Xiaocong en Un
ejército de terracota del emperador Qin Shihuang :
“Se colocaron estelas, tablas de madera roja y mezcla de
tierra y cal. Cada una de las fosas tiene, de acuerdo con
las necesidades propias, cierto número de puertas, las
cuales, una vez que se introdujeron las figuras y los
caballos de terracota, se taparon pisoteando la tierra, de
modo que se convirtieron en fortalezas subterráneas
herméticas”. Parece obvio que la intención del emperador
era mantener oculto su misterioso imperio del más allá...
Además, en el
interior de la fosa 3, la más pequeña, pero la más
importante estratégicamente hablando, se han encontrado
restos de animales sacrificados (huesos, cuernos...) que
indican que en la fosa en la que estaban los guardias del
cuartel general, se realizaron estas actividades para
solicitar la victoria a las fuerzas ocultas.
Tecnología punta en los carros de bronce
Luego de visitar
las tres fosas... y el museo de los carruajes de bronce,
cabe preguntarse qué clase de avanzada tecnología estaba a
disposición de Qin Shihuang. Los carruajes poseen la
mitad de las dimensiones reales, y simbolizan los vehículos
póstumos destinados a transportar el alma del emperador
hacia la otra vida.
Estudiando las
estructuras de estos carros funerarios se descubre el
complicado proceso al que fueron sometidos. Para ejecutarlos
hay que fundir, vaciar, soldar, grabar, cincelar, pulir e
incrustar. El ya mencionado Wu Xiaocong explica lo
complicado que sería hacer réplicas de estos carros en la
actualidad: “ La parte interna de las ruedas y los radios
de éstas se ensamblan mediante una nueva forma intercalada.
En las riendas y los ornamentos hay cadenas hechas con
anillos de hilos de cobre, tan finos que miden sólo 0,5 mm.
de diámetro; la lupa no detecta ninguna rugosidad ni señales
del cincelado o del punzón, hecho por el cual se deduce que
eran hilos tendidos; además los extremos eran soldados
necesitándose una técnica muy difícil, inimaginable incluso
hoy”.
Además, hay
detalles que sorprenden a los arqueólogos, como el hecho de
que el fijador del mango del parasol funcione de forma
semiautomática.
Un
emperador obsesionado con la inmortalidad
Para entender
esta monumental obra hay que fijar nuestra vista un
kilómetro y medio más allá de nuestra posición actual, hay
que posar los ojos sobre un montículo de forma piramidal
que, aunque el paso del tiempo ha conseguido que sus
dimensiones se vean reducidas a 76 metros de altura, hace
2.200 años alcanzaba los 115 metros. La anchura de la base,
de este a oeste es de 345 metros y la longitud ocupa, de sur
a norte 350 metros.
Se trata del
mausoleo del emperador más cruel de China, Qin Shihuang, un
hombre hermético y misterioso cuya trayectoria encierra una
verdadera obsesión por la inmortalidad y la eterna
juventud...
Zheng Ying (su
verdadero nombre), nació en el 259 a. de C. y murió en el
210. Su origen no está del todo claro y algunos
historiadores defienden que fue hijo ilegítimo de un
comerciante llamado Lü Buwei , aunque sus padres oficiales
fueron Zichu , - que era hijo del soberano Anguo - , y la
concubina Zhao ji.
Sea como fuere, a
los 13 años subió al trono y, debido a su juventud, se
estableció una regencia en la que tomaron parte activa su
madre, Lü Buwei y Lao Ai. Al cumplir 22 años tomó las
riendas de su destino y mandó asesinar a Lao, destituyó a Lü
y encarceló a su madre.
La Gran
Muralla a sus pies
Pronto consiguió
anexionarse todos los reinos de China a base de sembrar la
discordia entre los estados vecinos. Además, unificó los
pesos, las medidas, la moneda y la escritura. Esta última
apenas ha cambiado desde entonces. Por si fuese poco, ordenó
construir carreteras y ensamblar todos los sectores de las
murallas construidas por los otros reinos, dando forma a la
famosa Gran Muralla.
Mientras tanto,
intercalaba todas estas agotadoras actividades con su
auténtica obsesión: la construcción de su mausoleo eterno.
Para ello empleó la mano de obra de 700.000 personas a lo
largo de 30 años... Mientras, el pueblo se sumía en la
miseria y el hastío, datos que serían los detonantes de la
temprana desaparición de la dinastía Qin, que tocaría a su
fin tras su muerte y, en parte, también debido a la mala
gestión de su hijo.
Se sabe que
multitud de intelectuales de la época fueron asesinados por
ejercer la crítica a sus métodos. Así mismo, ordenó la quema
de aquellos libros que no hablasen de plantas medicinales y
horticultura, quedándose él copia de todos ellos.
En busca
del elixir de la inmortalidad
Sin embargo de
todos estos logros, Qin Shihuang vivía obsesionado con la
muerte. Estaba convencido de que sería capaz de burlarla,
para lo cual, puso su atención en todo aquel nuevo sistema
que se le presentase destinado a darle esquinazo y a
procurarle la vida eterna.
No cejó en su
empeño en ningún momento, enviando expediciones a tierras
lejanas para que le trajesen enigmáticos ingredientes con
los que elaborar elixires mágicos. En su incansable empeño
de obtener conocimientos ocultos decidió investigar
milenarias leyendas que hacían referencia a la existencia de
una isla en el Báltico, Penglai, en la que supuestamente
crecían unas plantas que le reportarían la ansiada
inmortalidad. Hasta ellas envío dos expediciones conducidas
por el mago Hsu Fu de Chi , en las que participaron miles de
jóvenes de ambos sexos, cuya única condición es que fuesen
vírgenes, a fin de obtener los favores de los dioses.
Pese al fracaso
de la primera expedición a causa de, - según explicó el mago
-, la inquietante presencia de gigantescas y hostiles
ballenas, ordenó una segunda investigación, a la que se sumó
una tropa de balleneros. Sin embargo, no se obtuvo el
preciado elixir. Se piensa que su imperio secreto fue la
consecuencia directa de este tipo de decepciones...
¿Qué se
oculta bajo la pirámide?
Pese a que nadie
ha sido capaz de internarse bajo la pirámide de Qin Shihuang,
los antiguos textos chinos como los del historiador Sima
Qian describen con todo lujo de detalles no sólo las
“hazañas” del emperador, sino todo aquello que puede estar
bajo el túmulo funerario, que antiguamente estaba rodeado de
una muralla de seis kilómetros de largo.
Coincidiendo con
los cuatro puntos cardinales se abrían cuatro enormes
puertas que conducían a una segunda muralla encargada de
proteger la ciudad secreta. Según los textos, bajo una
cúpula de cobre repujado, que simbolizaría las
constelaciones, se halla una estatua del tirano, y a sus
pies una reproducción de su reino, atravesado por ríos
artificiales de mercurio que gracias a un sofisticado
mecanismo permanecerían en eterno movimiento... Hay que
explicar que para los antiguos chinos, el mercurio se
asocia con la inmortalidad, dándosele un carácter de
principio pasivo y húmedo. Es un emblema del yin. Este
detalle al menos sí ha podido ser contrastado, puesto que
las prospecciones geológicas han detectado una fuerte y
extraña reacción justo en el centro de la pirámide que bien
pudieran ser los “míticos” ríos de mercurio descritos en los
textos clásicos.
Sacrificios humanos bajo el
reino prohibido
Junto a la cámara
central, ya descrita, había otras nueve en las que
supuestamente, descansarían las reproducciones del palacio
del emperador y, las construcciones de las autoridades más
importantes, así como una réplica del trono junto con una
serie de estatuas metálicas adornadas con joyas auténticas.
También estarían
representados los enviados más importantes de los pueblos
lejanos, acompañados de sus carros, sus joyas y riquezas. En
el pasillo, separados de las cámaras, están los cuerpos de
los hombres que levantaron tan increíble palacio
subterráneo. El emperador quiso que así fuese para evitar
que los obreros revelaran los secretos que se ocultaban bajo
tierra, a fin de que no se facilitase la llegada de los
ladrones de tumbas. Del mismo modo, se cree que las cámaras
están protegidas por mecanismos ocultos que impedirán la
entrada de intrusos, tales como ballestas que se dispararían
automáticamente ante cualquier aviso de alarma.
A la muerte de
Qin Shihuang, su cuerpo así como sus tesoros fueron
introducidos en la pirámide. No obstante, los derramamientos
de sangre no terminarían aquí, ya que su hijo, Qin Erh Huang
determinó que no era justo que las cerca de mil concubinas
de su padre, se sintiesen “desoladas” ante su pérdida,
ordenando que fuesen emparedadas en el interior de la
faraónica obra, por no obviar que el mismo Qin Shihuang
mandó sacrificar a todos los animales del zoo de la capital
para que se introdujesen en el mausoleo.
¿Ladrones de tumbas?
A pesar de que
los cronistas de la época apuntan la posibilidad de que los
ladrones de tumbas hayan conseguido penetrar en el mundo
mágico y fantasmal del emperador Qin Shihuang, y pese a que
los arqueólogos modernos han dado cuenta de la existencia de
dos túneles excavados por los saqueadores, también señalan
que ninguno de ellos llega hasta el interior del mausoleo,
con lo cual, los tesoros secretos de quién con tanto afán
trabajó para preservar la vida eterna pueden estar ahí,
esperando a que el gobierno chino se decida a excavar en uno
de los emplazamientos más misteriosos del planeta.
¿Cuándo
se descubrieron realmente los guerreros?
Oficialmente, el
hallazgo del enigmático ejército de guerreros de terracota
del emperador Qin Shihuang, tuvo lugar en la primavera de
1974. Por aquellas fechas, un grupo de campesinos entre los
que se encontraban Yang Peiyan, Yang Zhifa, Yang Wenxue y
Yang Junpeng se encontraban excavando un pozo en la
provincia de Shaanxi. Al quinto día de trabajo, cuando
alcanzaban una profundidad de 4 metros, sus palas y picos se
toparon con lo que parecía un trozo de terracota, un objeto
parecido a un jarro y unos ladrillos. En realidad, era un
guerrero con armadura, provisto de un arco con flecha de
bronce... Después, seguirían otros muchos... ¡hasta 8.000!
Se había realizado uno de los descubrimientos más
importantes del siglo XX.
Uno de esos
campesinos, Yang Junpeng, trabaja actualmente en el museo
que alberga a los guerreros... Su cometido es firmar libros
que dan cuenta del misterioso hallazgo. No nos fue posible
entablar una larga entrevista, puesto que él sólo habla
chino, aunque sí pudimos averiguar que los guerreros fueron
descubiertos mucho antes del 74...
Según comenta
“los guerreros ya habían sido vistos por los antiguos
aldeanos, cuando éstos eran niños, porque sus padres los
habían desenterrado por azar”. No obstante, el
descubrimiento no se hizo público porque para los hombres de
campo, este tipo de objetos eran considerados de mal
augurio. Eran vestigios del más allá, y por tanto, los
rompían y los volvían a enterrar o los colgaban de los
árboles para propinarles golpes que acabaran con la amenaza
de los antepasados muertos.
De hecho, el
propio Yang Junpeng, junto con sus compañeros, manifiesta
que cuando dieron con la figura de terracota “la aldea se
conmovió porque pensaron que se había ofendido al espíritu
de un inmortal”. Temían que la magia póstuma de Qin
Shihuang actuase contra ellos.
Mientras tanto,
se siguen desenterrando nuevos guerreros, algunos
especialmente enigmáticos como el que fue descubierto a
finales de 1999, cuya cara aparece pintada de verde.
Es el primero que se desentierra con estas características.
Aún se especula sobre el significado de este color en su
rostro. Para algunos expertos, tan sólo se trata de un
error cometido por el artesano. Sin embargo, otros
sostienen que este guerrero bien pudiera representar a una
raza diferente, posiblemente a un extranjero llegado de muy
lejos a la corte de Qin Shihuang, y que impresionó vivamente
a los artesanos.
El
enigma de las pirámides chinas
Según parece, la
pirámide del emperador Qin Shihuang no es la única que
permanece inexplorada por los arqueólogos... En la misma
región de Saanxi, lugar en el que se alza el mausoleo de
este cruel emperador, se erigen al menos 400 pirámides
funerarias más pertenecientes a las dinastías Qin (300 a de
C.) y Han (200 a. de C.). Lo que continúa siendo un misterio
es porqué estos datos no se han hecho públicos hasta ahora
(principios del 2000).
Estos ling
(montículos funerarios) pueden deparar todavía grandes
sorpresas al mundo. En su interior se cree que pueden estar
enterrados mandatarios, concubinas, así como otros
personajes ilustres chinos de la antigüedad.
La
antigüedad de la Gran Muralla
Pese a que en
todos los libros de historia figura que la construcción de
la Gran Muralla se debe al tirano Qin Shihuang, a principios
de enero de 1999, se divulgó la noticia de que esta enorme
construcción de más de 6.700 kilómetros, la única que puede
ser vista desde la Luna, es más vieja, si cabe. Esta noticia
se hizo pública después de que se descubrieran restos de la
muralla en la provincia de Shandong (noreste de China),
donde tuvo su gobierno la dinastía Qi (770-476 a. de C.), lo
cual supone que la muralla se remonta, al menos, a más de
2.500 años (es decir, sería tres siglos más antigua de
lo que se pensaba hasta ahora). ¿Qué otros secretos nos
deparará este gigantesco país?
LA
AUTORA es
escritora y periodista especializada en temas insólitos y
misteriosos. Ha publicado hasta el momento ocho libros y es
en la actualidad redactora-jefe de la revista Más Allá de la
Ciencia.
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