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Ascendiendo al amanecer desde las sombras subterráneas del
kiva, los kachinas entran a raudales en la plaza iluminada
por el Sol del pueblo más antiguo de América del Norte.
Ellos caminan en fila india como una entidad al ritmo firme
de un tambor. Una curva oblonga de espíritus bailarines se
forma pronto dentro del espacio negativo creado por los
grupos de abajo, viviendas de mampostería: un círculo
sagrado dentro de la plaza, una gran rueda kachina girando
en perfecta sincronización con los ritmos de las estaciones
alrededor del corazón comunal de Oraibi. Diferentes danzas y
canciones al Sol de los indios de las llanuras parecen
perforar agresivamente el firmamento como rayos de luz,
estas canciones de los Hopi proyectan un carácter más
moderado y reservado, debido en parte a que están
amortiguadas por las extraordinarias máscaras, que a veces
incluso resuenan con un zumbido suave. Más esencialmente,
sin embargo, la atención de este grupo nativo sedentario se
enfoca principalmente hacia abajo de la tierra, rogando que
asciendan las fuerzas de la fertilidad. Desde el alba hasta
el anochecer, con sólo cortos intervalos de descanso, los
cantantes que entonan las plegarias pisan sin tregua la
tierra con una serie de pasos de baile, ayudando de ese modo
al ciclo telúrico del crecimiento hortícola en un suelo
sumamente áspero. Por fin el Sol se pone más allá del margen
occidental del horizonte y desaparece, haciendo su descenso
diario al mundo interior.
En el sentido más simple, los kachinas (también escrito como
katsinam) son espíritus intercesores que pueden asumir la
forma de múltiples objetos físicos, fenómenos, o criaturas
del mundo. Bien diferenciados del panteón Hopi, ellos no son
adorados per se, aunque ciertas deidades, como Masau'u, el
dios de la muerte y el mundo inferior, pueden aparecer
alternativamente como kachinas. Las familiares “muñecas”
kachina (tihu) son simplemente representaciones de seres
espirituales reales, talladas para los niños, y en tiempos
modernos para vender a los turistas.
El
rasgo más prominente de Sohu, o Estrella Kachina, es el de
las tres estrellas de cuatro puntas verticales colocadas
horizontalmente en hilera por encima de su cabeza. Éstas
traen a la mente la constelación más importante en la
cosmología de los Hopi, Orion, en particular su cinturón.
Estas estrellas están intercaladas entre cuatro plumas del
águila verticales. Este kachina tiene pelo lacio y oscuro,
los ojos saltones, y dientes con forma de diamante. En su
mejilla derecha hay pintada una cruz equilátera (la
estrella), en su izquierda una luna creciente. Lleva puesta
una camisa de gamuza con flecos y una falda hecha de
radiantes plumas de pavo, las cuales son un extraño atuendo
para un kachina. Como Barton Wright sucintamente observa:
“Él no se parece al Kachina usual de los Hopi.” El
arqueólogo del siglo 19 Jesse Walter Fewkes dice que Sohu
tiene estrellas pintadas en sus antebrazos y piernas. Él
sostiene látigos de yuca en ambas manos y una cola de piel
de zorro detrás.
La palabra Hopi sohu (o soohu) significa
sencillamente “estrella,” pero en su sistema de creencias
las estrellas se conceptúan como entidades sobrenaturales,
con aquel ser de Orión que es ceremoniosamente primordial.
En los Textos de la Pirámide egipcios (una de la
literatura funeraria más antigua del mundo) la palabra
similar Sahu se refiere a “los dioses estelares de
la constelación de Orión.”
Además, nosotros encontramos una comprobación importante
para el dualismo cielo-tierra de la Teoría de la
Correlación de Orión en los homófonos egipcios sahu,
que significa “propiedad,” y su cognado sah-t que se
refiere a “bienes raíces”, “propiedad”, “emplazamiento de
un templo”, “hogar”, o “alrededores” Porque el término
sahu se refiere simultáneamente a las estrellas y la
tierra, este reflejo conceptual alinea los dos reinos, es
decir, “...en la tierra como es en el cielo.” Éstas y
otras correlaciones lingüísticas corroboran si no una
migración de los Hopi del Viejo Mundo, por lo menos un
contacto precolombino con marinos del Medio Oriente o de
África de Norte, quizás fenicios o libios.
EL AUTOR es investigador
independiente y escritor. Ha publicado varios artículos en
el campo de la hipótesis del Antiguo Astronauta en diversas
revistas especializadas y es además autor de dos libros:
The Orion Zone y Eye of the Phoenix.
©
Gary A. David,
2004-2008 – Todos los derechos reservados
Traducido y publicado
con autorización expresa del autor
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