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“…quienquiera
que no esté iniciado no puede entender las cosas secretas…”
(El Libro
egipcio de los Muertos)

El
contenido simbólico del obelisco sólo puede ser abordado por
vía de los jeroglíficos, que son en sí mismos simbólicos. La
palabra “obelisco” viene del griego antiguo “obeliskos”
y no fue utilizado como un término para esos delgados
pilares de la piedra hasta mucho después. En griego antiguo,
“obelos” significa “lanza, pilar puntiagudo, o
espetón.” Esto ha llevado a la enciclopedia alemana
“Brockhaus” a traducir “obeliskos” con la palabra
usada para “espetón” que no es lo que significaba para los
griegos. Debe, en cambio, ser “como un pilar puntiagudo; o
como un espetón”, y estos términos sólo deben usarse para
comparar su apariencia exterior. (3)
Los primeros escribas árabes usaron por
otro lado el término “misallat Fit aun”, que quiere
decir “la gran aguja del faraón” (por ejemplo, Abd-il-Latif,
duodécimo siglo), y “ain ash-shems”, o “las fuentes
del Sol”. Estos nombres tampoco nos ayudan mucho
inicialmente.
La antigua palabra egipcia para los
pilares puntiagudos es el thn (techen). Está basada
en el palabra thnj (techenj) que significa “que daña
el ojo, el globo ocular; que hiere/penetra los cielos.”
(4). Spiegelberg (5) tradujo una
inscripción de los textos de la pirámide como sigue: “Dos
grandes obeliscos están de pie firmemente al descubierto
delante de ellas (Isis y Nephthys, nota del autor) y
agujerean las nubes en el cielo.” A estas alturas se
ofrecen dos hipótesis de trabajo para discusión:
A)
La
convencional: estamos tratando con una visión metafórica en
el sentido de nuestro moderno término “rascacielos”.
B)
La nueva:
estamos tratando aquí con un uso metafórico del idioma, como
un objeto parecido a un cohete que “hirió, penetró” el cielo
al despegar.
Para Martin (6) thn
deriva del verbo hnj. Su significado es algo como
“sosteniéndose en el aire”, con la “t” entendida como un
prefijo que denota un proceso continuo. De nuevo, pueden
ofrecerse dos maneras diferentes de mirarlo:
A)
En el
obelisco vemos “la expresión lingüística simbólica de la
“corriente de misericordia” desde el Cielo a la Tierra, (en
tanto que) el apuntar hacia arriba en el cielo, hacia el
Sol…y su vuelta atrás de allí a la Tierra…indica el
intercambio de energía de ida y vuelta entre la Tierra y el
Cielo…Esto es en realidad una imagen abstracta del Rey y su
rol” (7).
B)
Posiblemente se estaba haciendo referencia aquí a un proceso
real, observado, de un trasbordador que desciende del cielo
a la Tierra (con forma de obelisco). Después, este
apuntar al cielo del obelisco, hacia el Sol, y su
retorno a la Tierra, también se usó como un símbolo de
intercambio de energía entre el Cielo y la Tierra. Un
término utilizado en el Nuevo Reino (hacia el 1550-1080
a.C.), llamado “mn”, se referiría a otro aspecto de
la interpretación según el cual el obelisco se convirtió en
un persistente recuerdo de un evento extraordinario.
En las publicaciones populares, e incluso
en las guías de turismo semi-académicas, se hacen a menudo
referencias fálicas sobre los obeliscos. Ahora, uno puede
argumentar sobre si los pilares de piedra neolíticos
encontrados en la región sirio-palestina son símbolos
fálicos o no (8), pero esta interpretación no se
aplica al período egipcio temprano. Tal interpretación o
alusión no se ajusta a los obeliscos hasta el final del
período de las pirámides. ¿Cómo
ocurrió esto?
Entre los Textos de la Pirámide (N° 1178
a) encontramos lo siguiente, “el Rey Pepi es uno que
pertenece a los dos obeliscos de Re que están en la Tierra.”
El término “thn” (para obelisco) está escrito en esta
inscripción como “la imagen del toro que embiste”, puesto
que los obeliscos se llamaron después “los que se clavan en
el cielo” (9). (Éste también es el sentido del
griego “obeliskos”, que se clava en el cielo
como una poderosa lanza de piedra).
Esta conexión con un toro es
probablemente la razón por la que el significado del
obelisco fue ampliado a un aspecto de fertilidad (19).
Por las fuentes originales más antiguas
se sabe que los egipcios basaron la forma del obelisco (o
más bien una parte de él) en el llamado “bnbn” (la piedra
ben-ben). Este obelisco prototípico no puede ser respaldado
por hallazgos arqueológicos, pero sí lo está por los
jeroglíficos. En egiptología, para los símbolos de las
figuras que eran llevadas a los textos se usaba a menudo la
forma original del objeto. Esto es, claro, un proceso
legítimo, ya que los jeroglíficos – de modo parecido a la
escritura china - se basaban directamente en el mundo real.
Se representaba el agua con líneas onduladas, la pirámide
por un triángulo, etc. De acuerdo a eso, el “ben-ben” tenía
un extremo de forma puntiaguda o cónica (11).
Según los antiguos mitos egipcios, se
supone que este algo ominoso, así como muy interesante,
“ben-ben” ha estado de pie en Heliópolis, la bíblica, o la
egipcia “jwnw.” Heliópolis, situada a 25 km (15.5
millas) al norte de la vieja capital real, Memphis, había
ocupado un largo e importante papel en el desarrollo de la
teología egipcia, e incluso en tiempos de Herodoto, tenía la
reputación de ser un lugar de especial sabiduría. El mito
del “ben-ben” estuvo arraigado en las primeras tres
dinastías del Reino Viejo (2900-2040 a.C.), o posiblemente
en siglos anteriores, y por consiguiente existe desde
comienzos de reinado faraónico (12).
Se supone que el “ben-ben” en sí, que
está representado por los obeliscos, ha sido un objeto que
descendió a la Tierra desde el Cielo. En él estaba el dios
Re (asimilado después por el dios Atum), quien de esta
manera vino a visitar a la humanidad y se convirtió en el
primer gobernante de todo Egipto. Según las creencias de los
egipcios, el más grande de sus dioses había gobernado el
territorio a lo largo del Nilo a través de varias dinastías,
“y si uno quisiera describir una institución como
sumamente antigua, uno diría que había existido desde la
época de Re” (13). El texto de la pirámide N°
1652 nos dice lo siguiente sobre Re: “Tú apareciste ante
nosotros como el “ben-ben” (la piedra).” Mirándolo de
este modo, el obelisco significa la “casa del dios”
(14). En textos posteriores, fue incluso elevado junto
con un hombre de pie ante una imagen del dios.
¿Qué significa esta palabra “bn-bn”?
Etimológicamente, no puede identificarse de manera precisa
o indiscutible. Por un lado, la construcción consonántica
“bn” hace pensar en
“piedra.” De hecho la palabra “bn”
existe desde la era de la pirámide con el significado de un
“tipo de piedra.” Durante el Reino Medio (2040-1537 a.C.) la
palabra “bnw.t” (benut) entra en la literatura. Aquí
simboliza un “tipo de piedra dura.” Sin embargo, “la
tendencia hoy en día es a derivar el nombre “bnbn” del verbo
“wbn”, que tiene el significado de “elevación”,
“reluciente”, pero también “brillante” - del sol y las
estrellas…” (15). Las interpretaciones, tales
como “eso que sale”, “eso que se dispara al cielo” también
se dan (16), como el verbo “wbn” es
definido “por los rayos o haces de luz salidos del disco del
Sol” (17).
Aquí, llama la atención un hecho notable
señalado por Erich von Däniken en su libro (18).
En la magnífica ciudad de piedra de Petra (actualmente
Jordania), a sólo unos 350 km (217.5 millas) en línea recta
de Heliópolis, el dios de la Luna, Dushara, fue adorado
desde los primeros tiempos. Su símbolo era el bloque de
piedra o el obelisco. Dushara viene del término árabe Dhu-esh-Shera
y significa “el de Shera”. Shera, a su vez, es idéntico al
“Seir” del Antiguo Testamento. Allí, Jehovah es llamado “el
de Seir”, en otras palabras, él es la misma persona que
Dushara, y Jehovah también vivió en un bloque de piedra, a
menudo llamado “Beth-El” (= “la casa de Dios”). Los nabateos
que fundaron Petra, imaginaron a Dushara desde el principio
como “celestial y extraterrestre.” Él se movía sobre “algo
como una piedra.” En India, la misma piedra semejante a un
obelisco se convirtió en “lingam”, la columna de fuego que
desciende del cielo.
Para recapitular, se presentan juntas
aquí la tesis tradicional y la antítesis moderna:
A)
El
obelisco es una piedra míticamente constituida con un
aspecto solar.
B)
El
obelisco simboliza un tipo de cohete en el que una vez Atum-Re
descendió a la Tierra desde el cielo, y contribuyó a la
creación de la avanzada civilización de Egipto. Este
vehículo celestial, probablemente de metal, fue llamado un
“tipo de piedra dura”, debido a que era sólido,
impenetrable, y que despedía “destellos o brillos” en el
cielo.
Esta última manera de verlo está bien
sustentada por el hecho de que la punta del obelisco, el
piramidón, fue llamada “bnbn.t” (benbenet) desde la
época del Reino Viejo. El piramidón estaba tradicionalmente
cubierto con una capa de cobre o electrum (una aleación de
oro y plata), para que resplandeciera brillantemente al
recibir los primeros rayos del Sol. La íntima conexión con
la idea de “echar luz”, creada por los jeroglíficos que
acompañan a menudo los obeliscos, puede remontarse al muy
impresionante lanzamiento de una nave espacial.
El “benben” es representado junto con el
dios, Min, en un dibujo clasificado como “el retrato
significativo.” Min era, entre
otras cosas, el dios del trueno.
A)
Los
egiptólogos conjeturan: “Hasta ahora él (Min) va muy bien
con la piedra benben que podría haber sido un meteorito y,
como el Ka´aba después, gozó de gran adoración debido a su
origen celestial” (19).
B)
Un
contra-argumento moderno: la íntima conexión con el dios del
trueno, junto a la cuestión óptica (luz), también apunta al
ruido generado por el lanzamiento de un cohete. Su origen
celestial es una conclusión inevitable. La forma es también
menos característica de un meteorito que de un cohete.
El “benben”, el “objeto secreto”, fue
albergado en una estructura especialmente construida para
él, la “h.tbnbn” (“hwt-benben”, o “casa del benben”)
en Heliópolis. Pueden encontrarse referencias a él en el
Texto de la Pirámide N° 1652: “Atum-Chepre, tú eras alto
como una colina. Tú parecías como el benben en la casa del
benben en Heliopolis/jwnw”, o en el N° 2069ª: “Un
benben se encuentra en la casa de Sokar.” Esta casa del
benben y el santuario solar de Heliópolis fueron, con toda
la probabilidad, lo mismo.
Dos grupos de dioses custodiaban el
benben en la casa del benben. Tres dioses, que “poseían el
secreto”, cuidaban el objeto en el interior del edificio;
otros ocho dioses lo custodiaban por fuera. En el Libro
de los Muertos, los doce dioses son también llamados los
remeros de Ra, que atendían el “barco de un millón de años”.
Estos dioses también tenían la tarea de “creación” de las
llamas para el barco de Ra. No siendo posible aquí ocuparse
en profundidad de la barca del Sol de Ra, sobre la que se
hizo en otra parte una concisa referencia escrita (20),
debe señalarse brevemente que una imagen de piedra de este
celestial “navío” se alzaba derecha otrora al lado del
santuario solar en Heliópolis.
A qué puede haberse parecido esta casa
del benben es materia de especulación. La base de esto es un
jeroglífico que estaba estrechamente relacionado con la
“alta arena”, un tipo de pared de anillo o pared de
cercamiento en Heliópolis. Ésta era llamada “la isla de las
llamas.”
En el jeroglífico de “h.t-bn” hay
incorporado un pájaro junto a la piedra benben. Este pájaro
es por consiguiente llamado el pájaro del benben. El “bnw”
(el benu) aparece en la literatura como “la sagrada ave
Fénix, como el Sol, está asociada con el dios Re en los
Textos de la Pirámide, y explicada en el Libro de los
Muertos como la estrella de la mañana, o como una expresión
visual de Osiris” (24).
La
imagen del Fénix probablemente sea conocida en general.
Está unida al mito de ese ser parecido a un águila que
volaba a Heliópolis cada 500 años, para elevarse de nuevo
desde las cenizas de su propia pira fúnebre. El Fénix, que
también se volvió un símbolo de inmortalidad en la
literatura de los alquimistas de milenios más tarde, y
entró en la literatura medieval sobre el “Santo Grial” bajo
esta referencia, realmente nunca fue de origen griego. En
cambio, el nombre “Fénix” está basado en un error auditivo
de los griegos que tomaron la palabra como probablemente era
pronunciada, algo así como “boine”, y la tradujeron
incorrectamente como “bnw” durante la era griega (por
el 323 a.C.). También pueden encontrarse entre los
jeroglíficos representaciones que incluyen al Fénix sentado
sobre un piramidón. Es el pájaro de la luz en el que el
dios-sol, Ra, se manifiesta (22).
El mito relacionado con el “benben”, del
pájaro que se eleva de nuevo desde sus propias cenizas, ha
sido interpretado en la egiptología como sigue:
A)
La piedra
puntiaguda, la punta del obelisco, según el modo egipcio de
ver las cosas, participa en el luminoso aspecto del pájaro,
de manera que es una mutatis mutandis, o centro del
alma (23).
B)
La tesis
alternativa: el pájaro era un símbolo antiguo del vuelo en
el antiguo Egipto (24). El pájaro que desciende
hace conexión con la nave espacial que está aterrizando. El
pájaro de luz fue escogido para hacer referencia al vehículo
divino ascendiendo y descendiendo. El ave Fénix/benben,
elevándose desde sus propias cenizas, simboliza aquello
ardiente (“cenizas”) que se generaba en el lanzamiento (“la
isla de las llamas”). El mismo “pájaro” subía periódicamente
al cielo y, para el asombro general, no se quemaba.
Una inscripción en la estela del faraón
Piankhi dice: “El faraón Piankhi ascendió las escaleras
hacia la gran ventana, para mirar por encima al dios, Re,
dentro del benben. El rey mismo estaba de pie allí solo por
completo, entonces abrió las dos alas de la puerta. Allí él
vio a su padre, Re, en el brillante santuario abierto sobre
el hwt-benben” (25)
El faraón
Piankhi vivió alrededor del 751 a.C. Fue uno de los
poderosos reyes etíopes que había llegado al Nilo con un
fuerte ejército y que fundó allí la vigésima quinta
dinastía. Si el “benben” todavía estaba allí y podía ser
“visitado” es una cuestión para la especulación. La
inscripción, sin embargo, proporciona la evidencia de que,
incluso en este período más tardío, el “benben” en la “casa
del benben” aún existía como una cosa real en la cosmovisión
de los egipcios. Según la leyenda, la casa del benben
contenía también nueve piezas (shem). La búsqueda de estos
artefactos daba a entender que eran regalos de Re. Tal
reliquia podría bien todavía aparecer enterrada en las
arenas del desierto.
La ciudad de Heliópolis, en la que
tuvieron lugar todos estos extraños eventos, se llamaba
originalmente “jwnw” (se pronuncia “joonoo”). Esto se
debía a los pilares que había allí, los cuales pueden haber
sido idénticos o casi idénticos a la piedra benben. De esta
manera la metrópoli recibió su nombre, la Ciudad de los
Pilares. Pero si estos “jwnw” pilares no representaban
obeliscos ordinarios, sino naves del espacio, entonces el
jeroglífico significaría en efecto “la ciudad del cohete” (o
consiguientemente algo como “la Ciudad de los Dioses”, “el
lugar donde ascienden y descienden los hijos del cielo”). La
pregunta surge aquí, ¿hubo aquí originariamente sólo un
pilar alrededor del cual se desarrolló luego la ciudad, o el
pilar fue el símbolo de un vehículo divino que bajó ahí, en
especial desde que “el jwnw” fue también visto como un
“pilar o apoyo de los cielos?”
(26).
Si resumimos ahora, surge el siguiente
punto: que todo habla inequívocamente de una interpretación
del obelisco como una reproducción de un objeto parecido a
una nave espacial.
Los tecnológicamente ignorantes nativos
ven un vehículo divino aterrizando y yéndose. La forma del
objeto es reproducida en piedra (ver “culto-cargo”). El
pilar es cubierto de cobre/electrum, porque se intenta que
el objeto brille metálicamente como el vehículo celestial.
Los nativos llaman a la nave espacial
“benben” (“tipo de piedra dura”), lo cual se supone que
indica que era tan sólida y resistente como la piedra. Al
mismo tiempo, la palabra también significa “brillando o
circulando, o disparándose en el cielo” y con esto señala la
sucesión de eventos del lanzamiento. Otro término, “thn/thnj”
indica que “la lanza” aparentemente hería o agujereaba el
cielo en su vuelo, pero quieta “se sostenía o se deslizaba
en el aire continuamente.” Esto es puesto de relieve de
nuevo por medio de un jeroglífico, y relaciona al obelisco
con la imagen de un toro que embiste enérgicamente a través
del cielo – exactamente igual a como el poderoso vehículo
divino lo había hecho antes. Al describir esto, ellos
también asociaron la imagen del vehículo divino con Min, el
dios del trueno, para señalar los sonidos como truenos que
se oían cuando el vehículo despegaba o aterrizaba. (Una
acotación: los Vedas indios, también, comparan el
lanzamiento y aterrizaje de los “señores celestiales” con
truenos y temblores.)
El dios Ra, quien, según esta
interpretación, fue un visitante extraterrestre, era el
comandante de la nave espacial. Él aterrizó en el lugar que
más tarde se llamó “la ciudad del jwn.” Allí se construyó un
tipo de hangar (la casa del benben) para el vehículo
celestial. Re gobernó una vez en Egipto durante algún
tiempo y creó una avanzada civilización inicial “salida de
la nada” en el país del Nilo. Según la tradición, Re se
convirtió en un dios que había descendido a la Tierra en su
“benben” que “brillaba como el Sol.” También se informan sus
vuelos a través del espacio; él emprendió éstos en su
“barca”, su “celestial nave del Sol” (el “ojo de Ra”, el
“ojo de Horus”, etc.). Pero Re había volado de vuelta a su
planeta natal, y el lanzamiento tuvo lugar desde una
plataforma que se llamó después “la isla de las llamas”.
Los estudiosos y sacerdotes idearon el símbolo del pájaro
del benben para preservar para las generaciones futuras este
inexplicable acontecimiento. Este pájaro se convirtió en el
símbolo por definición del “resurgir”, por el renacimiento
desde las cenizas, y a pesar de la conflagración que había
sucedido antes. Al mismo tiempo el pájaro apunta al vuelo
del vehículo celestial. El lugar donde este evento
maravilloso y memorable tuvo lugar es llamado “jwnw”, en
memoria del acontecimiento, y para brindar la esencia de él,
podría llamarse “Ciudad del Cohete.”
El nombre ulterior del lugar, Heliópolis,
vino de los griegos. Re es la palabra egipcia para “sol”
(dios-sol). El “sol” es helios en griego, que nos da
Heliópolis, la Ciudad del Dios Sol. Casi ninguna excavación
arqueológica ha sido llevada a cabo en Heliópolis, ya que el
área a ser excavada pertenece a los suburbios del noroeste
de El Cairo. La tierra está en uso agrícola o bien se ha
construido encima. Aparte de unas pocas ruinas mal
conservadas y un obelisco del faraón Sesostris I (1971-1926
a.C.), nada puede verse ahora en Heliópolis. Los obeliscos
egipcios se han transformado posteriormente en minaretes y
torres de iglesia. A pesar de los cambios en las religiones,
un contenido simbólico original ha permanecido: el obelisco
– minarete – torre de iglesia: dedos que apuntan al cielo,
lugares desde donde vienen “palabras divinas”.
La creación de los mitos egipcios más
antiguos se remonta muchos miles de años. Probablemente los
mitos surgieron en una época anterior a la de cualquier
escritura. La mitología de los egipcios es tan multi-estratificada
como confusa. Los mitos surgieron localmente, después fueron
cargados de connotaciones y adaptados y son, por
consiguiente, difíciles de comprender. No obstante, paso a
paso puede construirse un panorama a partir de los textos
existentes, los monumentos y las tradiciones sacerdotales.
La investigación futura demostrará si las consideraciones
presentadas aquí pueden convertirse en puntos de partida
para nuevas maneras de mirar estas cuestiones. Muchas
inscripciones todavía esperan ser descifradas. Pero aquellos
que se han descifrado tienen cosas asombrosas para decir, y
sus interpretaciones abren muchas posibilidades:
“El Cielo habla, la Tierra tiembla, la
Tierra se sacude; los dos reinos de los dioses convocan, las
fracturas de la tierra se abren, cuando él se mueve sobre la
bóveda [del Cielo]. La Tierra ríe, el Cielo ríe, cuando el
Rey sube al cielo. El cielo le grita alegremente a él, la
Tierra tiembla por él. La tormenta de truenos lo azotan, y
hay un trueno como Seth. Los guardianes del Cielo le abren a
él sus puertas…Ellos ven al Rey que vuela como un halcón,
como un dios. Para vivir con sus padres, comer con sus
madres. El Rey es una criatura del Cielo, cuyo vientre está
lleno de la magia de la isla de las llamas. Él vuela, este
Rey…lejos de ti, de ustedes los mortales. Él no es de la
Tierra, él es del Cielo. Este Rey vuela como una nube al
Cielo, similar a un pájaro…”
(27).
Referencias
(1)
Däniken, E.v.: The Eyes of the
Sphinx, Berkley Book, New York, 1996
(2)
Ver Kohlenberg, K.F.: Enträtselte
Vorzeit, Munich, 1974
(3)
Lang, K.: Agyptologische
Berichtigungen, en: Anthopos; 60, 1965
(4)
Erman, A. y Grapow, H.: Wörterbuch
der ägyptischen Sprache, Berlin, 1926-31
(5)
Spiegelberg, en: Zeitschrift für
ägyptische Sprache und Altertumskunde, Leipzig-Berlin, 1908,
Vol. 25, pág. 34f
(6)
Martin, K.: Ein Garantsymbol des
Lebens, Hildesheim, 1977
(7)
Martin, K.: Ein Garantsymbol des
Lebens, Hildesheim, 1977
(8)
Negev, A.: Archäologisches
Lexikon zur Bibel, Munich, 1972
(9)
Ver Pyramidentexte N° 1266c
(10)
Ver
Dondelinger, E.: Der Obelisk, Graz, 1977
(11)
Erman,
A. y Grapow, H.: Wörterbuch der ägyptischen Sprache, Berlin,
1926-31, Vol. 1, pág. 459
(12)
Beltz, W.: Die Mythen der
Agypter, Düsseldorf, 1982
(13)
Erman, A.: Agypten und
ägyptisches Leben im Altertum, Tübingen, 1923
(14)
Ver Dondelinger, E.: Der Obelisk, Graz, 1977, pág. 28
(15)
Erman, A. y Grapow, H.:
Wörterbuch der ägyptischen Sprache, Bd. 1, pág. 292 Berlin,
1926-31
(16)
Ver Sitchin, Z.: The Stairway of
Heaven, New York, 1980
(17)
Ver Dondelinger, E.: Der Obelisk, pág. 29, Graz, 1977
(18)
Däniken, E.v.: Wir alle sind
Kinder der Götter, Munich, 1987
(19)
Wainwright, en: JEA XVI, 1930,
pág. 35
(20)
Ver Habeck, R. y Krassa, P.: Licht für den Pharao,
Luxemburgo, 1982
(21)
Champdor, A.: Das Agyptische
Totembuch, Munich, 1977, pág: 198
(22)
Ver Dondelinger, E.: Der Obelisk, pág. 19, Graz, 1977
(23)
Messiha, K.: Flugmodelle im alten Agypten, en: Fiebag,
J. y P.: Aus den Tienen des Alls, Tübingen, 1985, págs.
99-105
(24)
Messiha, K.: Flugmodelle im alten Agypten, en: Fiebag, J.
y P.: Aus den Tienen des Alls, Tübingen, 1985, págs. 99-105
(25)
Ver Sitchin, Z.: The Stairway
of Heaven, New York, 1980
(26)
Erman, A. y Grapow, H.:
Wörterbuch der ägyptischen Sprache, Berlin, 1926-31, Vol.
1, pág.10-11, 53
(27)
Ver
Sitchin, y también: Kolpaktchy, G.: Das Agyptische Totembuch,
Bern u.a. 1988; Rossiter, E.: The book of the dead, Londres,
Sethe, K.: Ubersetzung und Kommentar zu den altägyptischen
Pyramidentesten, Glückstadt, 1935-39.
EL AUTOR estudió filología, economía y ciencias de la comunicación en la
Universidad de Guttingen (Alemania). Ha publicado gran
número de artículos y varios libros en el campo de los
antiguos astronautas.
© Copyright Peter Fiebag. Todos los derechos reservados
Traducido y publicado con permiso expreso del autor.
Queda prohibida su reproducción sin autorización previa del
autor.
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