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Jane B.
Sellers en The Death of Gods in Ancient Egypt nos
decía: “Los cielos han sido el móvil de la ciencia
durante milenios, son para el hombre sus esperanzas y sueños
sobre el mañana. La visión de aquellos primeros hombres que
labraron sus ideas en la piedra, no se refleja en ninguna
parte con la plenitud que alcanza en las tumbas de los
antiguos egipcios”.
Sin duda no
se equivocó. Quienes hemos visitado, investigado y explorado
Egipto, recorriendo el Nilo, caminado por sus desiertos,
visitando las pirámides y templos, ingresando a las mismas,
viendo sus túneles y cámaras, su perfecta arquitectura, sus
escrituras jeroglíficas, sus conocimientos astronómicos y
monumentos de milenios, sabemos hoy que todo fue obra, por
lo menos para la región de Gizeh, de un gran y único plan
estelar estratégicamente planificado, que junto a las
pirámides de Dahshur, Abusir Abu Roasch y Zauyat Al Aryan,
es decir el área de la Necrópolis Menfita, junto a
Heliópolis, Letópolis y el río Nilo, concuerdan plenamente
con la región estelar de Orión, en la Vía Láctea.
También
sabemos de su verdadera antigüedad para estas obras de la IV
Dinastía egipcia, más de 10.000 años de acuerdo a los
estudios científicos llevados a cabo en las pirámides de
Gizeh y en la Esfinge, a pesar de que la egiptología actual
nos diga otra cosa.
La perfecta
planificación de las pirámides de esta IV Dinastía, nos
demuestra - por no mencionar la sorprendente exactitud de
los alineamientos y construcción - , una perfecta
organización y ejecución de obras a una escala monumental
que no se repetiría durante las próximas dinastías.
A varios
investigadores y egiptólogos les llamó la atención todo
esto, citemos a Jean Philippe Lauer, Zbynek Zaba, Robert
Bauval, Adrian Gilbert, entre muchos otros.
El primer
Rey de la IV Dinastía fue Snefru, padre de Kheops, quien
hizo construir dos o tres pirámides. Hoy no se puede
determinar porqué Snefru y sus arquitectos, como el gran
sacerdote-arquitecto Imhotep, abandonaron la construcción de
las pirámides escalonadas para pasar a construir pirámides
de lados lisos.
Asclepio
nos dice: “Imhotep, el arquitecto de Zoser... fue según
Manetón el inventor del arte de construir con piedra
tallada... Sus obras se hicieron legendarias para las
generaciones posteriores de egipcios que lo consideraban no
sólo un arquitecto sino un mago, un astrónomo, el padre de
la medicina... y los griegos lo identificaron con su propio
dios de la medicina”.
La más
perfecta y antigua construcción monumental en piedra en la
región de Saqqara (o Sakkara) es la pirámide escalonada de
Zoser, donde tuvimos oportunidad de visitar y recorrer en el
desierto en medio de un calor asfixiante.

El
autor en la región de Saqqara, mostrando la pirámide
escalonada de Zoser.
Foto ©
Guillermo D. Giménez
¿Por qué
Snefru construyó dos y hasta tres pirámides? ¿Por qué él,
Kheops, Kefrén y Micerinos no pusieron sus nombres en las
pirámides? (se encontraron sólo algunas inscripciones en las
cámaras de alivio en la Gran Pirámide y algunos vieron el
nombre Khufu). ¿Por qué no hay jeroglíficos en ninguna
pirámide de la IV Dinastía, pero sí hay evidencias de
varios textos jeroglíficos en la vecindad de las pirámides?
¿Por qué
ellos, los reyes faraones, no colocarían sus nombres para la
posteridad como lo hicieron todos los faraones que les
precedieron? O es que: ¿todo forma parte de un gran y único
proyecto estratégico que exigía la construcción de siete
pirámides en lugares diferentes, que tienen correlaciones
estelares que hoy estamos descubriendo y divulgando?
Ya para la
época del faraón Tutankamón las pirámides de Gizeh tenían
más de 1.000 años y se había perdido el porqué las alzaron y
quiénes la construyeron.
Las
pirámides de la IV Dinastía deben considerarse como únicas y
separarse del resto de la Era de las Pirámides.
Es la Edad
de Oro, pero como comenzó, súbitamente terminó. Los
historiadores desconocen qué sucedió realmente, ya que las
pirámides posteriores no tienen la grandeza, volumen,
perfección y trabajos de ingeniería de aquellos tiempos.
Como bien
lo dijo Jaromir Malek, director del Griffith Institute
del Ashemolean Museunm: “Basta con mirar sus
siluetas actuales: las pirámides escalonadas... son de la
III Dinastía... las pirámides propiamente dichas, que
presentan un perfil claro y definido contra el cielo, datan
de la IV Dinastía, los de la V y VI Dinastía han quedado
reducidas a enormes pilas informes de bloques de piedra y
escombros...”
Los
egiptólogos siguen discutiendo hoy en día los hechos que
llevaron al colapso, podríamos decir, de la IV Dinastía.
¿Qué sucedió? Nadie lo sabe. Se especula acerca de problemas
religiosos y de guerra civil, pero no hay evidencias que lo
comprueben.
El
arquitecto norteamericano James A. Kane, que estudió la
meseta de Gizeh con sus tres pirámides principales, concluyó
que habían sido construidas de acuerdo a un proyecto maestro
basados en principios geométricos y ópticos que él creía
relacionado con observaciones astronómicas. El Dr. John
Wilson, que analizó la tesis y los aspectos geo-arquitectónicos
del Dr. Kane, concluyó: “Me descubrí volviendo todo el
tiempo al término coincidencia. La coincidencia puede ser
invocada una vez, o hasta dos, pero cuando varios elementos
divergentes coinciden y vuelven a coincidir, la coincidencia
se vuelve conformidad más que azar”.
Y se siguen
sumando diversos estudiosos y científicos (egiptólogos,
historiadores, arquitectos, ingenieros, físicos, astrónomos,
etc.) tales como Martin Isler, John Legon, Robin Cook, etc.
que confirman que todo fue diseñado de acuerdo a un sistema
de ideas geométricas y astronómicas de acuerdo a un plan
estratégico planificado como un todo.
George
Goyón, egiptólogo personal del rey Faruk consideraba que la
ubicación de Gizeh ha sido “rigurosamente elegida por
los sacerdotes astrónomos en razón de determinados factores
religiosos y científicos”.
Para el
astrónomo Zbynek Zaba, los constructores de las pirámides no
sólo usaban las estrellas para el alineamiento sino que
también podían haber tenido conocimiento de la precesión.
Me
pregunto: ¿hace miles de años los egipcios sabían del efecto
de precesión?
La
precesión es cuando el Sol y la Luna ejercen un empuje
gravitacional sobre la protuberancia ecuatorial de la
Tierra, haciendo que el planeta “oscile” en un ciclo muy
lento que se completa en poco menos de 26.000 años. Es
decir, cada medio ciclo, o 13.000 años, una estrella que se
encuentra en la posición opuesta del ciclo de precesión, de
modo que si es observada en el punto máximo del ciclo,
entonces 13.000 años después (o antes) su posición estará en
el punto mínimo del ciclo.
Citemos por
ejemplo al Cinturón de Orión. En el año 2.550 estará en su
menor declinación (aproximadamente –08 grados), muy cerca
del ecuador celeste, por lo tanto estuvo en su menor
declinación en aproximadamente 10.450 años a.C.
Otra vez la
misma fecha de la que nos hablan los científicos de hoy e
historiadores antiguos.
El ciclo de
precesión comprende entre los 25.800 y 26.000 años,
observando en éste otro movimiento llamado nutación que se
efectúa en ciclos de 18.6 años. Cuando más investigamos
acerca de la cultura egipcia, más nos sorprendemos por su
sabiduría.
Ya Estrabón
(64 a.C.- 25 a.C.) nos decía: “Los sacerdotes egipcios
son inigualables en la ciencia del cielo. Misteriosos y
reacios a comunicarse, en ocasiones puede persuadírselos
después de mucha solicitud para que impartan algunos de sus
preceptos, aunque pese a ello sigan ocultando la mayor
parte. A los griegos les revelaron los secretos del año, que
éstos ignoraban junto con muchas otras cosas...”.
Herodoto
(aproximadamente 485-425 a.C.), en sus famosas Historias
nos dice: “En Heliópolis se encuentran los egipcios más
sabios... todos están de acuerdo que los egipcios por su
estudio de la astronomía descubrieron el año solar y fueron
los primeros en dividirlos en doce partes y en mi opinión su
método de cálculo es mejor que el de los griegos... El
nombre de casi todos los dioses llegó a Grecia procedente de
Egipto...”.
Los
egipcios mantuvieron el secreto del conocimiento de la
precesión de las estrellas y su capacidad de calcular los
movimientos de Orión, las Híades y Sirio.
“¿Fue la
Necrópolis de Gizeh
– se pregunta Robert Bauval en El Misterio de Orión
- y específicamente la Gran Pirámide con sus conductos,
un gran marcador de tiempo, una suerte de reloj estelar para
marcar las épocas de Osiris, y más especialmente su Primera
Vez?”
Sabemos,
por supuesto, que 10.450 años a.C. es demasiado remoto para
los arqueólogos y los egiptólogos, pero estos hallazgos los
desafían a explicar o discutir la creciente evidencia
astronómica.

Templo
de Zoser en la región de Saqqara.
Foto © Guillermo D. Giménez
La edad
de la Era de las Pirámides
Acá nos
encontramos con otro (que se suman a los ya tantos) tema de
Egipto que también desconocemos fehacientemente, y que ha
dado paso a nuevas controversias entre los egiptólogos.
Me refiero
a la datación de la Era de las Pirámides.
Los
historiadores han cambiado las fechas en muchas
oportunidades, y es el día de hoy que las mismas siguen
siendo fechas estimadas.
Para el
descifrador de los jeroglíficos, el padre de la egiptología
científica Champollion, en 1830 consideraba que la I
Dinastía comenzaba en el aproximadamente 5.867 a.C. Años más
tarde el egiptólogo alemán Karl Lepsius adelantó la fecha
para el 3.892 a.C. y para Auguste Mariette (director del
Servicio de Antigüedades Egipcias, 1821-1881) volvió atrás y
estimó el año 5.004 a.C. para los inicios. Su colega, el Dr.
Brugsh consideró el comienzo en el 4.400 a.C. Y es así que
durante la década de 1940-1950 la fecha para la I Dinastía
se volvió a ajustar para aproximadamente 3.100 a.C. Pero hoy
en día los historiadores la siguen ajustando constantemente,
llevándola del 3.300 al 2.900 a.C., etc.
Gastón
Maspero, descubridor de los famosos Textos de las Pirámides,
consideraba más de 7.000 años atrás. Pero la obra de Manetón,
que fue un sacerdote egipcio que vivió en el Bajo Egipto
durante el reinado de Ptolomeo II Filadelfo (347-285 a.C.)
nos habla de acuerdo a su cronología rescatada por Sixto
Africano (aproximadamente 221 a.C.) y Eusebio de Cesárea
(aproximadamente 264-340 AD) de 30 Casas o Dinastías,
proporcionando además las versiones griegas de los nombres
egipcios, así Khufu fue Kheops, Jafra es Kefrén y Menkaura,
es Micerinos.
Manetón nos
habla de una época mucho más antigua a Menes, quien fue el
primer rey de Egipto. Según Eusebio, la cronología de
Manetón muestra tres épocas distintas antes de Menes, al
gobierno de los semidioses siguió el de los Reyes de Horus y
duró 15.510 años, luego vino la línea predinástica de reyes
que duró otros 13.777 años, lo que suma 28.927 años antes de
Menes.
Diodoro de
Sicilia dio un total de 33.000 años antes de Menes, y de
acuerdo a un papiro original egipcio que data de la XVII
Dinastía, que se encontró en Egipto a comienzos del siglo
XIX, conocido como Papiro de Turín, vendido al Museo de
Turín, Italia, nos muestra dos épocas a las que se les
adjudicó 13.420 y 23.200 años lo que hace un total de 36.620
años. La tercera época antes de Menes no puede ser
descifrada por el deterioro del documento original.
Pero
entonces nos preguntamos: ¿cuál es la edad exacta de la Era
de las Pirámides?
Queda claro
en todo esto que la datación egipcia es imperfecta y se basa
sólo en la subjetividad e interpretación de cada
investigador.
Entonces,
las fechas que utilizamos hoy, ¿son las correctas?, según
parece, no...
Región
de Gizeh: de izquierda a derecha Kheops, Kefrén y Micerinos.
Las
pirámides perfectas de la IV Dinastía egipcia. Foto ©
Guillermo D. Giménez
Para los
egipcios, la primera Edad de Oro, cuando los dioses
confraternizaban con los humanos, se llamó Tep Zepi,
que puede traducirse como Primera Vez.
Ellos
creían que el orden cósmico y transferencia a Egipto había
sido establecido mucho tiempo atrás por los dioses. Que
Egipto había sido gobernado por milenios por una raza de
dioses antes de que fueran confiados a los faraones. Éstos
eran el nexo sacerdotal con los sioses y por extensión con
la Primera Vez.
Eran los
custodios de su sabiduría y leyes, y todo lo que hacían
estaba conectado con lo que ellos llamaban Tep Zepi
o conocido también como los Tiempos de Osiris.
Hoy sabemos
que quienes construyeron las pirámides pensaron y lo
relacionaron con la Primera Vez, que sus monumentos
perfectos tenían relación estelar en especial con las
estrellas del Cinturón de Orión y la estrella Sirio, el
lugar cósmico de sus almas.
“Grande
es la Verdad, duradera su eficacia, pues no ha sido
perturbado desde los tiempos de Osiris...”
rezan las palabras del sabio visir Ptahotep (V Dinastía
durante la Era de las Pirámides).
Los Textos de las Pirámides
Corría el
año 1879 y en El Cairo circulaba un fuerte rumor de que
podían existir antiguas inscripciones jeroglíficas en unas
pequeñas pirámides en Saqqara pertenecientes a la IV, V y VI
Dinastía.
Cuando esta
versión llegó a oídos del profesor Gastón Maspero, famoso
arqueólogo que recientemente había llegado a El Cairo para
hacerse cargo de la Mission d’Archéologie Francaise,
decidió investigar.
Según
parece un chacal o zorro del desierto había sido visto
inmóvil cerca de una pirámide en ruinas en Saqqara (o
Sakkara). El animal estaba siendo observado por un capataz
de obras o reis y decidió seguirlo (hoy en día es muy
raro ver a estos animales casi ya extinguidos, le temen a
los humanos).
El chacal
se dirigió a la cima norte de la pirámide, deteniéndose unos
instantes para desaparecer por un agujero. El árabe lo
siguió y luego de deslizarse por el estrecho agujero se
encontró dentro de la cámara de una pirámide; al encender su
linterna observa con asombro que todas las paredes estaban
escritas de arriba abajo con inscripciones jeroglíficas,
pintadas en color turquesa y dorado. Sin saberlo, el reis
había encontrado el más grande descubrimiento arqueológico
de fines del siglo XIX, había descubierto los textos
religiosos más antiguos hasta el momento en el mundo dentro
de la pequeña Pirámide de Pepi I.
La historia
del chacal se remonta al Antiguo Egipto donde existían dos
dioses chacales, aunque constituían diferentes aspectos de
uno mismo. El primero y más conocido era Anubis,
representado en las pinturas funerarias egipcias
supervisando el ritual del “pesaje del corazón”, el examen
que rendía el faraón para poder ingresar a la corte de
Osiris, y también es conocido como custodio dentro de las
tumbas de los faraones, los guardianes que pudimos observar
también nosotros en la tumba del famoso rey Tutankamon. Hoy
estos guardianes están en el Museo Central de El Cairo.
El otro
chacal es el Upuaut que quiere decir “abridor de caminos”.
Bajo este
mismo nombre un pequeño robot de un equipo alemán ingresó
por primera vez al canal de la Gran Pirámide el 22 de marzo
de 1993, bajo la dirección del Ing. Rudolf Gantenbrink y
descubrió una “puerta” que sella el camino luego de trepar
65 metros de viaje. Las imágenes grabadas de este
descubrimiento son sorprendentes.
Según
parece, Anubis está relacionado con la estrella Sirio, que
es la estrella más brillante de la Constelación del Can
Mayor, y Upuaut con la Constelación de la Osa Menor.
El
descubrimiento de los Textos de las Pirámides se le acredita
a Gastón Maspero, quien fue el primero en ingresar a la
Pirámide de Unas, el 28 de febrero de 1881, en Saqqara, pero
asimismo otras dos pirámides que también contenían
inscripciones jeroglíficas habían sido ya exploradas por
Auguste Mariette (1821-1881), director del Servicio de
Antigüedades Egipcias.
Mariette se
había hecho famoso al descubrir el Serapeum de
Saqqara, un gigantesco laberinto de galerías subterráneas
que contenía docenas de grandes sarcófagos de los sagrados
bueyes de Apis de Menfis. Asimismo fundó los Services des
Antiquites y el Museo de Boulog, hoy transformado en el
Museo de El Cairo, excepcional por su contenido.
Quien esto
escribe fue en más de una oportunidad al mismo, y no deja de
sorprender las antigüedades egipcias que contiene. Está
ubicado en pleno corazón de El Cairo.
Al fallecer
Mariette, el 19 de enero de 1881, Maspero fue nombrado
director de los Services des Antiquites, y en la
segunda semana de febrero de 1881, bajo un sol invernal,
decidió investigar todo el frente de la Necrópolis Menfita,
desde Abu Roasch hasta Lisht.
Las
pirámides de Pepi I y Merenra habían sido abiertas por
Emile Brugsch, asistente alemán de Mariette, la Pirámide de
Unas se abrió el 28 de febrero, Pepi II y Neferkara el 13 de
abril y Teti el 29 de mayo. Las excavaciones continuaron
hasta fines de 1882.
Maspero
informó: “en menos de un año cinco de las pirámides de
Saqqara llamadas mudas han hablado. Las pirámides escritas
en Saqqara nos han dado casi cuatro mil líneas de himnos y
fórmulas, de las que la mayor parte fueron escritas
originalmente durante el período predinástico de la historia
egipcia”.
Se
encontraron así miles de líneas de jeroglíficos. Textos que
también tuvimos oportunidad de ver y “palpar”. Miles de años
después, nosotros veíamos con asombro estos jeroglíficos
inscriptos en las paredes. Allí estaba Osiris-Unas, también
Sahu, el nombre antiguo de Orión, acompañando el techo
cubierto de estrellas y textos por doquier. Teníamos frente
a nosotros los secretos de las estrellas.

El
grupo de tres estrellas en los Textos de las Pirámides.
(El
Misterio de Orión, R. Bauval y A. Gilbert)

Unas-Osiris
en los Textos de las Pirámides
(El
Misterio de Orión, R. Bauval y A. Gilbert)
De las
cinco Pirámides la que aportó mayor cantidad de textos fue
la Pirámide de Unas, último rey de la V Dinastía. Las otras
cuatro pertenecen a la VI Dinastía.
Sus textos
no sólo fueron los mejores de la colección sino también los
más antiguos.
Los Textos
de las Pirámides se convertirían en los escritos más
antiguos descubiertos en todo el mundo, miles de años antes
a la compilación del Antiguo Testamento.
J. Breasted
consideraba, de acuerdo a sus escritos de 1912, que:
“Contrariamente a la impresión popular corriente, el cuerpo
más importante de literatura sagrada de Egipto no es el
Libro de los Muertos, sino los mucho más antiguos Textos de
las Pirámides. Estos textos preservados en pirámides de la V
y VI Dinastía en Saqqara, forman el cuerpo más antiguo de
literatura que ha sobrevivido del mundo antiguo y nos
revelan los primeros capítulos de la historia intelectual
del hombre tal como ha sido preservado hasta los tiempos
modernos”.
La
traducción de los mismos ha sido un arduo trabajo. Ya
Maspero había realizado este trabajo, pero le siguieron
muchos otros, como el Dr. alemán Kurt Sethe (1910-1912),
Prof. Samuel B. Mercer y Alexander Piankoff entre 1950 y
1970. Pero en 1969 Raymound Faulkner (filólogo inglés)
produjo lo que es considerada la traducción definitiva.
Para
sorpresa de todos, en 1946 un famoso egiptólogo egipcio, el
Dr. Selim Hassan, publicó su interpretación de los Textos de
las Pirámides y señaló en su trabajo Excavaciones en
Gizeh que: “En algún período remoto de la historia
del pensamiento religioso egipcio, existió la creencia de
que después de la muerte del rey su alma se convertiría en
una estrella entre las estrellas del firmamento”.
S. A.
Mercer publicaría en 1952 una versión inglesa de los Textos
y consideraba que: “La adoración a Osiris es sin duda
prehistórica... en la Era de las Pirámides era un culto ya
establecido”. (The Religion of Ancient Egypt).
Lo que nos dicen los Textos
Los
antiguos egipcios consideraban que el rey era una
reencarnación de Horus, el primer hombre-dios que reinó en
Egipto y era adorado como hijo de Osiris e Isis.
Al morir el
rey faraón creían que su alma partiría al cielo y se
volvería un Osiris, como se puede apreciar en las docenas de
pasajes de los Textos que al rey muerto lo llaman Osiris y
éstos a su vez se volvían estrellas, y no cualquier
estrella, sino las pertenecientes a la Constelación de
Orión.
"Oh Rey,
eres esta Gran Estrella, la Compañera de Orión, que
atraviesa el cielo con Orión, que Navega el Otro Mundo (Duat);
asciendes por el este del cielo, te renuevas en tu debida
estación y rejuveneces a tu debido tiempo. El cielo te ha
parido con Orión..."
(T.P. 882-883)
"Mirad,
ha venido con Orión, mirad a Osiris que ha venido como Orión
... Oh Rey, el cielo te concibe con Orión ... descenderás
regularmente con Orión en la región occidental del cielo ...
tu tercera es Sothis ... " (T.P. 820-822)
Aquí
aclaramos que Sothis es la estrella Sirio, y ésta estaba
relacionada con la crecida anual del Río Nilo que tenía
lugar a fines de junio. Sirio se eleva después de la
Constelación de Orión y lo mismo que Isis (diosa
identificada con Sirio) forman una dualidad con Osiris -
Orión.
Hay muchos
pasajes que mencionan a Osiris - Orión y a Isis - Sirio
juntos.
"El Rey
es una estrella...”“
(T.P. 1583)
"El Rey
es una estrella que ilumina el cielo...”
(T.P. 362,
1455)
"Soy un
alma... soy una Estrella de Oro...”
(T.P.
886-889)
"Oh Rey,
eres esta Gran Estrella, la compañera de Orión...” (T.P. 882)
"Ve y sé
joven junto a tu padre (Osiris), junto a Orión en el
cielo...” (T.P. 2180)
"En tu
nombre de habitante de Orión...”
(T.P. 186)
"Oh Rey,
eres esta Gran Estrella, la compañera de Orión, que
atraviesa el cielo con Orión, que navega el Duat con Osiris...
" (T.P. 862)
"El
cielo está claro, Sothis (Sirio) vive (aparece), yo soy un
viviente, el hijo de Sothis..."
(T.P. 458)
"La
hermana del Rey es Sothis, la viviente del Rey es la
Estrella Matutina... "
(T.P. 357, 929, 935, 1707)
"El
cielo está cargado... Nut ha dado nacimiento a su hermana
(Sirio) en la luz del alba, yo mismo me levanto... mi
tercero es Sothis..." (T.P. 1082-1083)
Y así
podríamos seguir enunciando los innumerables pasajes que
hacen mención a la conexión estelar del Cinturón de Orión y
la estrella Sirio. Pero, ¿cuál sería la Estrella Matutina a
la que se hace mención en los Textos de las Pirámides (T.P.)
357, 929, 935 y 1707? ¿La simiente del rey? Una estrella que
nace del vientre de la estrella Sirio (Sothis).
¿Qué
estrella hay cercana a Sirio? Ninguna.
¿Algún
planeta? Tampoco, ya que según los estudios llevados a cabo
científicamente ningún planeta podía estar cerca de Sirio
para esos tiempos.
¿Qué objeto
brillante había en esa época que hoy no vemos?; ¿una
estrella perdida?
Y aquí nos
encontramos con otro enigma.

Las
tres estrellas del Cinturón de Orión y Sirio perfectamente
alineada a éstas.
(Foto ©
Keystone)
El misterio de Sirio
Robert
Temple, autor del famoso libro El Misterio de Sirio,
nos detalla con fundamentos comprobables que una tribu del
Sabel, en el África Occidental, los Dogon, que hoy habitan
la República de Malí en la planicie de Bandiágara, en las
montañas Hambori de Malí, hablaban de una estrella invisible
compañera de Sirio (Sigi Tolo en su lengua). Sus
fuentes eran de orígenes ancestrales.
La meseta
está ubicada a más de 400 km al sur de Tombuctú, y es
durante casi todo el año un lugar desolado, rocoso y árido,
cuyas aldeas son construidas con barro y paja.
La
tradición dogon venía del Antiguo Egipto. Éstos conservaban
registros físicos sobre esta estrella hoy conocida como
Sirio B (o Po Tolo para ellos), a través de máscaras
de culto que están almacenadas en cavernas.
¿Cómo una
tribu primitiva conocía la existencia de esta estrella
invisible?
¿Cómo
habían obtenido su conocimiento?
Sirio B es
apenas visible usando un telescopio muy poderoso. Es
superdensa, una enana blanca en términos astronómicos.
Alvan
Graham Clark fue el primero en verla en 1862 con un
telescopio, y recién en 1970 el astrónomo Irving Lindenblad
obtuvo la primera fotografía de Sirio B. Más aún, los dogon
sabían de una tercera estrella a la que llaman Emma Ya,
recientemente descubierta y conocida como Sirio C.
¿Entonces...?
Robert
Temple, graduado en Estudios Orientales y Sánscrito, miembro
de la Royal Astronomical Society, escribía:
"Cuando empecé a escribir en firme este libro en 1967, toda
la cuestión estaba enmarcada en términos de una tribu
africana, los Dogon... Los Dogon estaban en posesión de
información concerniente al sistema de la estrella Sirio que
era tan increíble que me sentí movido a investigar el
material. El resultado, en 1974, siete años después, se
resuelve en que he podido demostrar que la información que
poseen los Dogon en realidad tiene más de 5.000 años de
antigüedad, pues ya disponían de ella los antiguos egipcios
en las Eras Predinásticas previas al 3.200 a.C.".
La historia
comienza en 1931 cuando dos antropólogos franceses, Marciel
Griaule y Germaine Dieterlen, decidieron investigar a fondo
esta tribu y convivieron así 21 años seguidos con ellos.
Allí aprendieron y supieron de los amplios conocimientos y
sagrados secretos que tenían. Los sacerdotes les informaron
que hace miles de años unas criaturas anfibias a las que
llamaron Nommo vinieron del espacio, más precisamente
de la estrella Sirio, (ubicada a 8.7 años luz de distancia),
para enseñarles diversos conocimientos. De ahí su amplia
sabiduría acerca de la astronomía. Y no sólo acerca del
sistema de Sirio sino también sobre el Sistema Solar. Que la
Luna era seca y muerta, que Saturno tenía anillos alrededor,
sabían de las Lunas de Júpiter, que los planetas giran
alrededor del Sol, que el Universo es infinito y muchísimo
más.
Temple
descubrió que los dogon hacían dibujos en la arena
representando el descenso en espiral del “arco” de los
Nommo en esta región. Se dice que los Nommo
aterrizaron al noreste del territorio dogon, lugar de donde
ellos afirman ser originarios.

Dibujos
Dogon. Se observa a la derecha la llegada de un Nommo desde
el espacio.
También
en el centro se ve a Saturno con su anillo, y cuatro Lunas
de Júpiter.
A la
izquierda la órbita de Sirio B. (© Steve Westcott)
Los
sacerdotes, cuando se referían a la llegada y aterrizaje del
“arca”, informaban que: “ésta tomó tierra en terreno seco
y desplazó un montón de polvo por el torbellino que causó.
La violencia del impacto marcó el terreno...”.
Los dogon,
vecinos de los egipcios, conocían plenamente al sistema de
Sirio, que en palabras de Robert Temple las pistas que
brindan constituyen “una verdadera avalancha”.
Peter
James, historiador, nos dice que: “Ninguno de los mitos,
tal como han llegado hasta nosotros, describe el tipo de
conocimiento acerca de la astronomía invisible de Sirio que
los dogon parecen poseer”.
También
cita la relación entre Isis y Osiris, diciendo que:
“Isis, la diosa de Sirio, tenía un marido llamado Osiris...
Uno de sus aspectos era Anubis, un dios con cabeza de
chacal. No hay mucho más, pero por lo menos sugiere la
posibilidad de que también los egipcios conocían a la
compañera invisible de Sirio”, hoy llamada Sirio B.
Un enigma
más que se viene a sumar al propio, que son los Misterios
Milenarios de Egipto.
EL AUTOR
es Analista en Sistemas y especializado en estudios de
Ciencias Naturales. Investiga el fenómeno OVNI desde 1977.
Sus trabajos han sido
publicados en diversas
revistas especializadas así como en diferentes sitios web.
©
Guillermo Daniel Giménez – Derechos reservados.
Reproducido con permiso
expreso del autor
Prohibida su reproducción sin autorización previa del
autor
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