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Durante mis múltiples y continuos viajes por el mundo,
habiendo recorrido miles de kilómetros por todo América, el
Caribe, Europa y África, he hallado y reconocido gran
cantidad de misterios que han llevado en mí a tomar
actitudes de asombro y admiración ante tales hechos. Como
pinturas rupestres, edificaciones antiguas espectaculares,
tradiciones e historias milenarias, elementos y/o artefactos
antiguos de características especiales, monumentos
enigmáticos, dibujos y bajorrelieves asombrosos, entre
muchas otras cosas más.
Y es así que en uno de estos viajes, encontrándome en
Egipto, país que he recorrido a lo largo y ancho del mismo,
visitando sus imponentes y milenarias pirámides, ingresando
a las mismas, recorriendo su interior (pasadizos, cámaras
reales, funerarias, cámaras secretas, etc.), admirando sus
jeroglíficos, pinturas y relieves, recorriendo sus diversas
ciudades y templos, monumentos espectaculares, caminando por
sus desiertos, visitando museos donde está guardada la
historia antigua egipcia, junto a todos los tesoros de las
diferentes dinastías, y navegando por el Río Nilo, donde
miles de años atrás distinguidos faraones disfrutaban de
este espectacular y transitado río, encuentro algo que
llamaría mi atención, como a tantas otras personas que lo
han visto, y que data de miles de años atrás.
Sin duda alguna Egipto nos brinda un mundo de riquezas
históricas y al mismo tiempo un mundo de enigmáticos
misterios, muchos de los cuales hoy en día mantiene a toda
la comunidad científica sumergida en desconcierto.
Un claro ejemplo es la perfección de la construcción de las
pirámides de Kheops, Kefrén y Micerinos en la región de
Gizeh, pertenecientes a la Dinastía IV egipcia, y junto a la
Esfinge, siendo el Guardián de las mismas.
Aquí se comprueba una perfecta conexión estelar con la
Constelación de Orión que asombró al mundo su descubrimiento
por parte del egiptólogo Ing. Robert Bauval con quien he
mantenido comunicación y comparto su trabajo.
Pero hoy analizaré otro descubrimiento hallado sobre la
pared de una cripta en el Templo de Hathor en Dendera, unos
relieves que han llamado la atención por sus características
a varios egiptólogos y científicos de todo el mundo llegando
a conclusiones asombrosas.

Para ello debemos trasladarnos a unos 70 kilómetros
aproximadamente al norte de Luxor, donde encontramos
espectaculares bajorrelieves en el Templo de Hathor en
Dendera, un lugar situado en la máxima soledad, rodeada de
algunas palmeras sobre la superficie del desierto,
debiéndose remontar su construcción quizá a la época
predinástica.
El complejo está orientado hacia el Nilo que aquí fluye de
Este a Oeste de modo que el templo mira hacia el Norte,
aunque para los egipcios simbólicamente represente el Este.
Algunas inscripciones indican que el edificio original fue
construido por aquellos reyes legendarios conocidos como
“los discípulos de Horus”.
Fueron otros faraones y bajo distintos reinados que se
montaron nuevos edificios (modificando, demoliendo y
edificando en algunos casos) sobre el mismo y alrededores.
Es así que el faraón Kheops ordenó construir un templo sobre
el mismo sitio, bajo el reinado de Pepi I el templo fue
reconstruido ya que el lugar era un sitio de suma
importancia. También durante la Dinastía XI fue el lugar de
una gran biblioteca de papiros. Se volvió a restaurar en
tiempos del faraón Tutmosis III, encontrando en las paredes
los nombres de otros faraones como Tutmosis IV, Ramsés II,
Ramsés III.
Se volvió a reconstruir bajo Ptolomeo VIII, ampliándose por
Ptolomeo X, XI y XII, Cleopatra VII, Julio César Cesarion y
los emperadores Augusto y Tiberio. También se pueden leer en
el edificio principal los nombres de Calígula, Nerón,
Claudio, Domiciano, Nerva y Trajano.
Sabemos que en 1798 cuando las tropas de Napoleón llegaron a
Dendera, el lugar estaba casi tapado totalmente por las
arenas del lugar.
Cuenta la historia que una caja de municiones fue puesta por
los militares sobre el techo del templo y ésta se deslizó
por un tragaluz hacia el interior descubriendo allí las
salas superiores del Templo, encontrando los soldados un
gran monolito que medía 3,60 metros de largo por 2,40 metros
de ancho, siendo su grosor de casi 1 metro. Esta roca
llegaba a pesar los 16.000 kg., es decir casi 8 m3 de roca
estando colgada del techo.
Pero para la historia oficial fue en 1799 la fecha del
descubrimiento oficial por parte del General Louis Desaix y
debido a las representaciones astronómicas se la conoció
como el Zodíaco de Dendera.
Albert Slosman, Doctor en Matemáticas y en Informática y
colaborador para la NASA en los proyectos espaciales del
Pioneer sobre Júpiter y Saturno, indicó que todos los
fundamentos de la astronomía del antiguo Egipto partían de
Dendera.
Por su parte Sir Norman Lockyer, el famoso astrónomo
estudioso de los monumentos de Stonehenge sostenía que
Dendera es mucho más antiguo y que se había construído en
alineación con Sirio.
El Templo de Hathor continúa siendo un misterio, como tantos
otros lugares y hechos sucedidos en Egipto.
Enigma en las imágenes del Templo de Hathor
Encontramos aquí en la estructura subterránea doce estrechos
y largos pasadizos en tres niveles, uno debajo del otro,
siendo los mismos de muy difícil acceso.
En la actualidad sólo se puede visitar uno de ellos.
Luego de sortear innumerables obstáculos se pueden ver
espectaculares bajorrelieves de figuras humanas, sosteniendo
o manipulando lo que parecen alargadas ampollas, objetos
cilíndricos similares a bombillas eléctricas, entre otras
pinturas.
Siempre me intrigó cómo los antiguos egipcios que mantenían
un excelente nivel de conocimientos en arquitectura y en
astronomía, entre otras ciencias, realizaron espectaculares
construcciones bajo tierra, o bien en el interior de
pirámides y templos, trabajando en bajorrelieves, figuras y
pinturas sobre paredes, columnas y techos y todo bajo qué
tipo de iluminación.
Quienes hemos ingresado a las pirámides y templos sabemos
luego de sortear innumerables pasadizos, algunos de ellos
sumamente angostos y oscuros, nos preguntamos cómo
iluminaban los mismos, para realizar tan perfectas
manifestaciones pictóricas con formidables colores.
Hay quienes sostienen que éstas se hacían bajo antorchas de
fuego, lámparas de aceite u otras, pero, el humo y hollín
irradiante de las mismas ¿no mancharían tan perfectos
bajorrelieves?
No hay manifestaciones de ninguna naturaleza en numerosos
templos, ni en pirámides, ni en pasadizos subterráneos, ni
antecámaras, ni en ningún lado. ¿Cómo es posible esto?, si
rastros de hollín deberían encontrarse en techos y paredes.
Podemos hallar sí en algunos casos algunas manchas pero esto
quizá se debe a ulteriores ingresos de saqueadores y
primeros exploradores.
Todo esto llamó la atención a numerosos investigadores entre
los que se encuentran el austríaco Reinhard Habeck,
dibujante profesional y escritor, autor de numerosos
trabajos sobre los misterios del pasado, y el periodista y
escritor Peter Krassa, fallecido en octubre de 2005, pionero
en el campo de la hipótesis del antiguo astronauta.
Ambos autores desarrollaron un excelente trabajo
investigativo al que llamaron “Lich fur den Pharao”
que significa “Luz para el Faraón”.
Son ellos quienes se formularon la misma pregunta y ante tal
enigma consultaron al egiptólogo austríaco profesor Helmuth
Satzinger del Museo de Historia del Arte de Viena, sobre las
fuentes egipcias de iluminación y su respuesta fue: “No
conozco referencias sobre tales rastros tiznados. Pero
recuerdo haber leído una vez un artículo en el que el autor
conjeturó que ellos pudieron haber sido capaces de fabricar
antorchas sin humo en aquella época”. Aunque más
adelante el mismo profesor admitió que nadie había intentado
producir y usar antorchas sin humo.
Otra de las hipótesis es que los egipcios utilizaron espejos
ubicados en tramos estratégicos que reflejaban la luz del
Sol en los oscuros pasadizos y cámaras. Aunque esto se
eliminó al comprobarlo ya que la luz se disipaba siendo
incapaz de alumbrar las criptas subterráneas.
¿Entonces?
Es así que los astroarqueólogos Habeck y Krassa decidieron
viajar a Egipto e investigar directamente, ingresando en el
antiguo Templo de Hathor luego de abonar las propinas
obligadas a los cuidadores y gatear sobre estrechos y
oscuros pasadizos alcanzando su objetivo, encontrando un
ensanchamiento con un suelo de cerca 60 pies cuadrados de
hermosos y coloridos bajorrelieves, únicos en el arte
egipcio.
Estaban allí las imágenes enigmáticas, entre otras, que les
recordaba a una “bombilla eléctrica”.

Describiéndola podemos decir que este bajorrelieve muestra a
un egipcio sosteniendo a una ampolla alargada y se muestra
algo similar a ondulantes serpientes, semejantes a
“filamentos”.
Estas serpientes estaban en contacto con el cáliz de una
“flor de loto” que a su vez se contactaba con un “cable” de
cierta longitud, que a su vez provenía desde una “caja”
rectangular que contenía obviamente un “generador” o algún
otra fuente de energía. Y sentado sobre esta “caja” hay una
figura que representa a Shu, el Dios del aire según el
profesor Satzinger.
¿Es ésta una referencia a la ionización aérea?, se preguntan
los autores.
Conectado a esto manteniendo en alto la ampolla se muestra a
“Djed-pilar” cuyos dos brazos están en contacto con la
“serpiente”.
Este soporte es un enigma para los egiptólogos, hay
muchísima controversia acerca del significado del mismo.
Pero lo que sí sabemos que el símbolo jeroglífico para
“Djed” significa “estabilidad” y “energía” demostrando esto
la llamativa semejanza con los actuales aisladores de
corriente de alta tensión.
Otro de los motivos que intrigó a los autores de “Luz para
el Faraón” fue el ser representado con uno o dos cuchillos
en sus manos.
Thot en la mitología egipcia representa a la deidad
pertinente, es el escriba de los dioses, el gran maestro de
la magia y el medidor del tiempo.
Sin duda Thot fue tenido para iluminar la oscuridad con su
propia luz.
La representación de las manos sosteniendo a los cuchillos
puede ser una advertencia a todos de la riesgosa naturaleza
de la corriente eléctrica.
Numerosas son las conjeturas pero, ¿qué es en realidad lo
que muestra el bajorrelieve?.
El Templo de Hathor en Dendera ofrece innumerables
inscripciones y representaciones pictóricas en paredes y
columnas realizadas sin duda alguna para impartir
conocimiento.
Hoy en día, de acuerdo a expresiones de egiptólogos
egipcios, alemanes y austríacos, resulta imposible leer los
textos jeroglíficos de Dendera.
Sin duda el Templo de Hathor fue escrito y desarrollado para
impartir conocimientos comunicado en términos usados como
los enfocados por los científicos modernos.
Es así que el Dr. John Harris, científico británico de la
Universidad de Oxford, llegó a la conclusión luego de
estudiar esta representación, que son las exactas
descripciones de procedimientos técnicos como los que se
aplican en la actualidad.
Otras conclusiones realizadas por el científico vienés
Walter Gran, Ingeniero Eléctrico que fuera director técnico
de una central de energía en Tailandia, consideró que los
bajorrelieves de Dendera demuestran que se pueden
interpretar conjuntamente desde puntos de vista técnicos y
físicos, aseverando que nuevas investigaciones de todo el
conjunto daría respuestas asombrosas.
Sin duda un gran desafío para la comunidad egiptológica y
científica mundial.
Encontramos otras inscripciones diseminadas en Egipto, como
en el Templo de Edfu donde pueden verse objetos similares a
lámparas eléctricas.
Si consideramos que de acuerdo a estas imágenes que
demostrarían que los antiguos egipcios de una época
milenaria producían y utilizaban la energía eléctrica,
¿dónde se encuentra tal extraordinario objeto?
Aún no tenemos este elemento que quizá fue robado por
saqueadores de diferentes épocas, o fuera destruido en
tiempos lejanos o también quizá aún no fue descubierto como
tantos otros objetos, y duerme allí, bajo las arenas de
Egipto en espera de salir a luz, cambiando de esta manera la
historia de ciertas cosas y elementos que se creen ser
símbolos religiosos y en realidad son otras de carácter
técnico, cambiando así nuevamente la historia del Antiguo
Egipto.

1 – Experto sacerdotal egipcio. 2 – Vapor ionizado o gas 3 –
Serpiente estilizada, interpretación pictórica de una
descarga eléctrica. 4 – Flor de loto (¿un enchufe?) desde
cuya extremidad se origina un arco voltaico. Este hecho es
mostrado físicamente de manera correcta porque aquí el campo
de energía eléctrica muestra la tensión más alta. 5 – Cable
de conexión 6 – Shu, Dios del Aire 7 – “Djed-pilar”; tiene
la función de un aislador 8 – Thot – Dios de la Ciencia ,
sosteniendo un par de cuchillos. ¿Una referencia al peligro
que acecha en el aparato representado?. 9 - ¿Un simbolismo
para la “tensión”?. 10 – Polaridad; la figura que denota el
polo positivo 11 – Caja que contiene el generador.
Otros descubrimientos e historias asombrosas
Durante el curso de una excavación en un lugar de Partia, el
arqueólogo austríaco Wilhelm Koening realizó un
descubrimiento sensacional.
Halló un objeto con forma de jarrón, considerando que el
mismo era un tipo de batería. Los componentes estaban allí,
el cilindro de cobre y una barra de hierro.
Algunos años atrás este objeto fue sometido a una prueba de
funcionamiento en el Roemer and Pelizaeus Museum of
Hildesheim, en Alemania.
El resultado fue que esta batería seguía siendo capaz de
producir una corriente de un voltio y medio, demostrando que
este artefacto hallado entre las ruinas de Chuyut Rabuah
había sido utilizado como una batería galvánica.
Otros descubrimientos encontrados en Selenkia en el Tigris y
en Ctesiphon, la antigua Capital de Partia, demostraron la
utilización de estos fragmentos de cobre como componentes de
artefactos similares.
Miles de años atrás esta civilización de Partia tenían
conocimiento de esta tecnología que aún los historiadores no
osan atribuirles, es decir se concluye que hace más de 4.000
años los antiguos moradores de la Mesopotamia utilizaban
pilas eléctricas.
Esto no nos debe sorprender, ya que encontramos referencias
también en Roma y en Grecia antiguas, cuando se describen
bombillas incandescentes de color rojizo, como lo que nos
dice San Agustín que cuenta que no podían ser apagadas ni
por el viento ni por la lluvia y también hay referencias en
Antioquía donde una luz estuvo encendida más de 500 años.
Otro es el caso de la famosa luz que se mantenía siempre
encendida en el templo de Numa Pompilio en Roma.
En el Templo de Minerva había una lámpara de oro que daba
luz y que no era alimentada por ningún tipo de combustible.
En Hierapólis, Siria, la diosa Hera estaba tan iluminada
que: “...el templo resplandecía como si hubiera estado
iluminado con una miríada de cirios...”, nos dice el
griego Luciano, cuyos sacerdotes le negaron descubrir su
secreto.
En la obra “Edipo Egipcíaco” escrito por el padre
jesuita Atasnasio Kirchner en el 1565 DC, describe parte de
un documento hindú con los pasos para construir una batería
eléctrica. Leemos: “...colocar una plancha de cobre bien
limpia, una vasija de barro, cubrirlo con sulfato de cobre,
y luego cubrirlo todo con serrín húmedo, para evitar la
polarización. Después poner una capa de mercurio amalgamado
con zinc encima del serrín húmedo. El contacto producirá una
energía por el doble nombre de Mitra-Varuna. Se dice que una
cadena de cien vasijas de este tipo proporciona una fuerza
muy activa y eficaz...”.
También Plutarco observa en el Templo de Júpiter-Amón una
“lámpara perpetua” y así lo escribió en el Siglo I.
Allí los sacerdotes tampoco le revelaron la fuente de esta
luz que brillaba desde hacía años, aunque sí le dijeron que
no se apagaba ni por el viento ni por la lluvia.
Tengamos en cuenta que fue recién en 1820 cuando el danés
Hans Christian Orsted reconoció que una corriente eléctrica
causaba fenómenos magnéticos.
El inglés Michael Farady continuó con esta investigación y
fue recién en 1871 de nuestra era cuando el americano Thomas
A. Edison desarrolló la primera bombilla eléctrica.
En 1939 Koening como ya dijimos, encontró muy cerca de
Bagdad, en Irak varias vasijas tubulares de barro con los
cuellos recubiertos de asfalto conteniendo todas una varilla
de hierro encajado en un cilindro de cobre.
Era sin duda una rareza y el propio Koening no tardó en
darse cuenta que era una especie de pila eléctrica
procedente de la antigua Babilonia.
En 1940 publicó su hallazgo en Austria causando asombro a
toda la comunidad científica y público en general.
Terminada la Segunda Guerra Mundial un ingeniero
norteamericano de la General Electric Company, llamado
Willard Gray pensó ponerle fin a esta controversia
comprobando físicamente el mismo.
Fabricó duplicados exactos de estas antiguas vasijas
llenándolas con sulfato de cobre en reemplazo del
desaparecido electrolito original que se había disuelto
luego de más de dos mil años de antigüedad.
Gray verificó su
funcionamiento comprobando que la misma media una potencia
de un voltio y medio.
La
famosa Pila de Bagdad, hallada en 1939 por el arqueólogo
alemán Wilhelm Koening mientras realizaba excavaciones en la
región de la antigua Babilonia
Esta confirmación demostró que también los babilonios
conocían y utilizaban la electricidad, cuyo objetivo no sólo
era de iluminar sino también galvanizar ciertos elementos
como los centenares de objetos galvanizados cuya antigüedad
data de miles de años atrás que se hallaron en la misma zona
geográfica.
Estas vasijas fueron llevadas al Museo Nacional de Bagdad,
en Irak, exhibiéndose durante décadas hasta que,
lamentablemente, producto de la guerra reciente mucho de
estos elementos se perdieron, se robaron y/o se destruyeron
durante los saqueos al Museo Nacional.
Como vemos no sólo los egipcios conocían y utilizaban la
electricidad, sino también para otras civilizaciones no les
era desconocida hace milenios este tipo de energía.
EL AUTOR
es Analista en Sistemas y especializado en estudios de
Ciencias Naturales. Investiga el fenómeno OVNI desde 1977.
Sus trabajos han sido
publicados en diversas revistas especializadas así como en
diferentes sitios web.
© Guillermo Daniel Giménez – Derechos reservados.
Reproducido con permiso expreso del autor
Prohibida su reproducción sin autorización previa del autor
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